jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 6 :)


Aaron abrió los ojos y miro a su alrededor. Estaba en un pueblo sombrío, casi en ruinas y que además aparentaba abandonado. ¿A donde lo había mandado Evat?  Se suponía que quería protegerlo...  se levanto y como le dijo Evat, la primera casa era una de fachada verde, una mujer asomaba por la puerta. Se dirigió hacia ella, en la fachada había un cartel que ponía: Idem. Perfecto allí nadie lo buscaría.

- Oía, disculpe mi desfachatez, pero estoy solo, perdido u y no tengo donde alojarme, me preguntaba si podía usted darme techo un par de semanas lo sumo.

- No.- la mujer le respondió con claridad, a pesar de su fina voz seguía inspirando respeto.

-Me manda Evat-  no sabia si serviría de algo, ni siquiera sabia si era aquella la casa correcta.

- Evat...- susurró- está bien pasa, pero tendrás que trabajar para ganarte el pan de cada día, aquí la vida no es fácil. ¿Has trabajado alguna vez como herrero? –le pillo la pregunta por sorpresa, no se esperaba que el nombre de su amiga causase tal cambio en ella. Al oírlo por un momento Aaron pudo apreciar un haz de luz en su mirada, pero solo por un segundo.

- No, pero aprendo rápido.- mentir nunca fue lo suyo.

- Está bien, ayudaras a mi marido, él te enseñará. Pasa necesitas un baño.- Aaron se adentró en la casa pensando ya en el regreso de Evat.

* * * * *

Olim caminaba con el águila al hombro bajo un sol abrasador.  El camino que tenia frente a el iba de nuevo recobrando su esplendor, los caminos se definían y los árboles y la vegetación recobraban el color y la fuerza. Habían pasado dos días desde el ataque en Aliter, y el águila había mejorado mucho en salud. Olim se paró  y se sentó en el borde del camino y se dispuso a comer algo, para su sorpresa no le quedaba ni una miaja. Con hambre, se tumbo en la hierba mirando al cielo. Las nubes eran preciosas desde aquel lugar, el sol estaba tras ellas y les daba un tomo rosáceo.

-¿crees que nos ira bien?- Olim siguió mirando al cielo sin esperar respuesta, por eso cuando el águila emitió un sonido se extraño.

-¿crees que si?, yo no lo creo...necesitare un trabajo, lo único que se hacer es trabajar la tierras y ¿de que me ha servido? E nada, ahora no tengo nada que comer, ¿irónico verdad?- esta vez Olim giró la cabeza para mirarla, y esta emitió un ruido similar al anterior.

- eres demasiado positiva.- Olim se miro la camiseta, estaba completamente rota, se la quito y la dejo en el suelo. Hacia calor así que tampoco la necesitaría. La noche se acercaba, así que recogió todo y se adentro en el bosque en busca de refugio.

El tiempo pasaba, Olim seguía caminando sin rumbo en busca de algún lugar guarnecido del aire. Estaba cansado y empezaba a perder la esperanza de encontrar un sitio adecuado, así que muy a su pesar, se tumbo en el suelo y cerró los ojos. El calor que horas antes tuvo había desaparecido. Le esperaba una noche larga.

* * * * *

Eloy no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos se imaginaba a Evat en manos de Certus sometida a sus deseos... podría estar muerta o herida, sufriendo en algún otro lugar del mundo. Tenia la incertidumbre de si había conseguido salvar a los niños, de momento lo único que sabía es que los soldados se habían retrasado, pues aun no habían vuelto, hacia ya dos días que habían partido.

La añoraba, y mucho. Cerró los ojos e intentó dormir, pero no lo consiguió.

Poco a poco, el sol entró por la ventana de la cabaña, Eloy harto de estar tumbado lamentándose, se levantó y decidió empezar su jornada. Se vistió desganado, apenas se fijaba en lo que se ponía. Salió afuera, todos trabajaban los jardineros, los cocineros, algún que otro soldado... todo seguía igual que ayer, igual que hace dos días. A nadie parecía importarle la pena que el sufría, y esa indiferencia por parte de los demás le causaba mayor dolor. Para Eloy todo había cambiado y le desmoralizaba comprobar que el mundo seguía igual a pesar de que su vida estuviese en algún otro lugar, junto con Evat.

Cogió un cubo y se acercó al pozo. Sin prisa, ató el cubo a la cuerda y dejo que se deslizase entre sus dedos hasta que tocó fondo. Esperó pacientemente a que el cubo se llenara, y cuando sitió que pesaba empezó a tirar. No era un gran esfuerzo, pero sin Evat a su lado cualquier obstáculo o tarea se le hacia grande, duro o pesado. Ella le facilitaba las cosas, siempre la había tenido al lado, y su falta lo mataba por dentro. Cogió el cubo y se puso en marcha, tendría que caminar bastante hasta las cuadras.

Llegó agotado, pero aun así, se puso inmediatamente a dar de comer a los caballos, a limpiar los establos y a preparar el picadero paro domar un par de potrillos. Acabó la tarea sobre la una, así que recorrió la cuadra hasta el final y dedicó el tiempo que le quedaba a acicalar a Ivis. Su ala se había reparado por completo y estaba deseoso de salir, pero solo se dejaba montar por Evat. Eloy noto que no era el único que la extrañaba. Acabó rendido, así que se sentó en una esquina para descansar.

- ¡La comida!- Eloy escuchó la voz desde el fondo de la cuadra, no se lo podía creer. Había vuelto.
           
            -¡Evat!- corrió hacia ella como nunca y la cogió en brazos, se le salían las lagrimas, estaba viva, y con él.

            -Eloy basta, me haces daño.-

            - Perdón es que me tenías tan preocupado, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Lo has conseguido?-

            -escúchame bien.- Evat se puso seria, para sorpresa de Eloy- he mandando alos soldados junto con los niños a un pequeño poblado abandonado, no te diré el nombre para no meterte en problemas, pero Certus y galo se me escaparon y ahora van  a por mi. Necesito que me ayudes desde aquí. Quiero que reúnas en mi nombre a todos los trabajadores del palacio a hurtadillas y que les prepares para la batalla, pues estoy segura que Certus no tardara en buscarse algún ejercito en la tierra cuando descubra que no tiene forma de volver aquí, y lo m as probable sea que venga en mi busca. Bien tu prepáralos, dales armas y montura y espera a mi señal. Volveré cuando pueda a por ti, y a por todos vosotros, te prometo que os sacare de aquí, pero no será fácil vencer a Certus...-

            -Pero...-

            .Sssh- Evat le tapó la boca con un dedo.- me tengo que ir, pero tranquilo, estaré bien.- Evat se dio la vuelta y a cada pasó que daba se iba desvaneciendo, hasta que se evaporo por completo.

            -¡Evat no!-

Eloy se despertó en el suelo de la cuadra. Se había dormido.  Evat le había pedido ayuda... o eso creía, ¿habría sido solo un sueño? De todos modos había llegado el momento de luchar.

            -¡La comida!- vio entrar a azalea con una cesta.

            - Evat me ha mandado un mensaje pidiendo ayuda.- cualquier otra persona no se lo hubiera creído, pero azalea conocía a Eloy, y con la esperanza en los ojos se sentó a su lado.

            - Cuéntamelo todo muchacho.-

* * * * *

- Vamos zagal, enséñame lo que sabes hacer.- Honestus, el herrero, marido de Nadia, esperaba pacientemente a que Aaron le demostrase su valía. Era un hombre que físicamente imponía  grande, robusto, alto y con expresión ruda. Una fachada que adoptó para hacerse respetar en el pueblo, aunque en realidad fuese un hombre bueno, amable, generoso y muy honrado. Era un perfeccionista c0on sus obras, no las dabas por terminadas hasta que eran perfectas, y si no le agradaban, las fundía y las volvía a empezar.

            -E... lamento no serle de gran ayuda pero... nunca he tenido la oportunidad de hacer de herrero.-

            . No pasa nada zagal, esto se aprende rápido. Observa con atención que luego te tocará a ti.- Honestus repetía constantemente el mismo  movimiento llevando un metal de un lado para otro, sacándolo constantemente del fuego al rojo vivo y golpeándolo sin cesar. Hasta que de un palo metálico, forjó una espada sin filo.-  Bien, ves esto, has de golpear el metal de forma que no quede después la marca del mazo. Te toca.-

            Aaron cogió el mazo con mano temblorosa y metió su chaco de metal en las brasas. Pasado un rato se disponía a sacarlo cuando Honestos lo detuvo.

            - Eh eh eh, no tan deprisa zagal. Tienes que sentir la fuerza del fuego, del calor, no puedes sacarlo cuando te parezca, hay que sentirlo, notar como el metal se somete a tus caprichos, como el rojo intenso te penetra por los ojos. Ahora, ahora es el momento. Aaron lo sacó y lo apoyó rápidamente en el yunque. Alzo el mazo que sujetaba en la mano izquierda  y golpeo inseguro. La fuerza del impacto le subió por todo el brazo hasta la cabeza, y Aaron sintió que se mareaba y que se iba a derrumbar.

            - No, no, no y no, así no se  golpea. Tienes que sentir como cada fuerte golpe moldea suavemente el metal. No tienes que acariciarlo, eso vendrá mas adelanto cuando lo talles. -

            - No, si lo siento, y no sabe usted con que potencia...- Aaron no entendía la pasión que Honestus tenia con sentir el metal. Está muerto no puede sentir nada. Pero  ponía todo su empeño en que él también lo viera de esa manera, y Aaron no se atrevía a llevarle la contraria. Tras media hora repitiendo el mismo proceso que Honestus realizo en tan solo diez minutos, Aaron consiguió su espada.

            - Muy bien zagal, esta perfecta, lo llevas en la sangre.- a Aaron se le pinto una sonrisa, se sentía orgulloso. En palacio nunca nadie le había dicho que valía para algo, o que simplemente, lo había echo bien.

            Tras largo rato observando su obra, Aaron fijo la mirada en Honestus que seguía con sus labores del día, tenía varios encargos por terminar.  ¿Quién era aquella singular pareja? ¿Por qué Evat lo había mandado allí? Y lo que más le intrigaba ¿qué relación tendría para que Nadia cambiase radicalmente de opinión al nombrarla? Pensó que seria mejor no preguntar nada hasta tener mas confianza con ellos.

* * * * *

-Esa mocosa malcriada, toda su vida recibiéndolo todo por mi parte y ahora me lo paga con su traición. Bien Galo, estamos aquí atrapados, esa niñata ya estará organizando una rebelión en mi contra... para liberar a sus amiguitos. Necesitaremos un ejército, y a alguien tan despiadado y ruin que no le importe matar a una muchacha de 16 años recién cumplidos.-

- Pero mi señor...-

-¡Que!-

- Creo que necesitas  que Evat viva para que te abra el portal...-

-Gran observación... y ¡Vas a ir tu a buscarla!, Galo, Galo, Galo... piensa un poco,  nos la traerá viva por unos duros  y la torturará hasta que nos abra el portal, y luego él hará el trabajo sucio por nosotros.-

- Si mi señor.-

- Sé quien es el hombre que buscamos, ¿te suena de algo... el cazador?-

-Si, los rumores dicen que es un hombre que mata, tortura por el menos precio, algunos dicen que incluso lo hacer por gusto, otros que solamente para sobrevivir, irónico. Lo más impactante que se cuenta de él es que nunca ha dejado un trabajo sin acabar...-


            -Correcto.-

            -¿Cómo lo encontraremos?-

            - En Navalia, el lugar más vulgar y siniestro del mundo.-


            Caminando por el bosque, llegaron a un cruce en el que cogieron el camino de la derecha. Certus parecía saber perfectamente a donde se dirigía. A escasos metros del cruce, había una senda en el bosque. Entraron allí, a partir de ese momento, el camino se volvió complicado, muy rocoso. La senda cada vez era mas ancha, hasta que llegó un momento en el que chocaron contra un árbol.

            - Estamos cerca-

            Certus rodeo el árbol y galo tras de él. Unos metros más a delante, la dura piedra del suelo se aplanó como si la hubiese lijado, y ante sus ojos vieron un poblado construido en medio del bosque. El lugar era tan siniestro o más aun de lo que Certus había descrito. Era un pueblo donde habitaban todos los ladrones, ladrones de ladrones pues se robaban entre ellos. Todos iban vestido de negro y encapuchados, no querían ser reconocidos por nadie. Todos, menos uno.

            - Ese es nuestro hombre.- Certus señalo al no encapuchado. Estaba mirando algo en el puesto de una anciana, mas bien esperaba el momento oportuno de llevarse algo del puesto de una anciana. Galo vio que el cazador iba acompañado de una muchacha, de la edad de Evat más o menos, oyó como la llamaba hermana y como esta lo llamaba Lars. Galo no tardó en contárselo a Certus, y por la mirada calculadora de este supo que había hecho bien. Certus se acercó a el y le susurro a la oreja le plan. Esperaron a que el cazador cometiese su robo y entonces actuaron.

            - ¡Eh, ese hombre es un ladrón!- grito Certus señalándolo. En menos de un segundo todos los habitantes se echaron tras él, a pesar de ser todos ladrones les encantaba pillar a alguno. En medio  de la corrida, Galo aprovechó que el cazador huía para acercarse a la muchacha. La agarró por detrás, le tapó la boca, y se adentro en el bosque con ella. Minutos más tarde volvió solo. La cosa se había calmado y el cazador se ocultaba tras un puesto. Certus y Galo se acercaron a él.

            - Hola Lars, tengo un trabajito para ti...-

            -Déjame en paz.- Galo advirtió que era un chaval de no mas e 19 años. ¿Ese era el temido cazador? Se había llevado una decepción. Llevaba el pelo castaño oscuro despeinado y unos ojos negros. Era altito y tenía el cuerpo bien definido, pero por muy bueno que aparentase ser, era ruin, sucio y despreciable. Certus le hizo un gesto apenas visible a Galo y este lo alzó del cuello.

            - Mira chaval, si no quieres que a tu querida hermanita le pase nada, ya puedes ir moviendo tu culo y haciendo lo que te pido, y como agradecimiento a la honorable acción de liberar a tu hermana, nos lo harás a cambio e nada.- Lars miró nervioso al lugar donde vio a su hermana por ultima vez, no estaba allí.

-         ¿Y bien, qué me dices?-

-¿Qué le habéis hecho?-

- De momento nada, pero ten por seguro que se lo haremos.-

-¿Cómo es?-

-         Ya nos vamos entendiendo.- Certus hizo otro gesto y Galo lo dejo caer.

* * * * *

            Eloy había reunido todos los trabajadores de fiar del palacio. Les contaba lo ocurrido con todo tipo de detalles y asignaba los quehaceres dependiendo de la facilidad que tenía cada uno para conseguirlo. Había un soldado con el que contaban que les podía suministrar armas, las cocineras comida y él los caballos. Todos tenían algo que hacer, y todos estaban dispuestos a arriesgarlo todo y a luchar junto a él y Evat por su libertad. Todos estaban cansados tras el largo día de trabajo, y con la llegada de la noche se retiraron a sus camas tras haber dejado en tema de las tareas zanjado.  Eloy por fin se quedo solo y cerró los ojos a la espera de alguna señal de Evat. Oyó un ruido extraño.

            -¿Evat?-  Abel, un soldado que había sido la mano de Certus desde que Eloy recuerda, le tapó la cara y le dio un golpe seco que le dejo inconsciente.




jueves, 24 de mayo de 2012

Cápitulo cinco :)


Un mal presentimiento hizo que Eloy se despertara. Serian las 5 de la mañana aproximadamente, se puso unos zapatos en los pies y los fue arrastrando lentamente entre los pasillos que creaban las camas de los otros trabajadores. Llego a la puerta y salio al baño. Hacia muchísimo frió aquella noche, así que Eloy se escondió las manos bajo las axilas para que no se le congelasen. Cuando fue a abrir la puerta del baño pensó en Evat. ¿Qué tal estaría? Le había afectado de marcado lo de los niños. Volvió a esconder las manos y se dirigió hacia la puerta trasera del palacio. Paso por las cocinas y subió las escaleras hasta encontrase frente a la puerta de Evat. Asomo lentamente la cabeza y la vio en la cama tapada hasta arriba con las mantas. Se había dormido. Entró en la habitación y se sentó en el borde de la cama.

-duerme tranquila, yo estoy aquí, mañana será otro día y te prometo que te ayudare, que te seguiré hasta donde me lleves, con tal de seguir juntos...- se acercó para darle un beso en la frente, pero cuando aparto las sabanas solo vio un montón de cojines.

-No.-

Se levanto y echó a correr sin parar hasta que llego a las cuadras. Su silla y su ropa de montar no estaban.

-¡No, no no!- consumido por la ira y el dolor empezó a golpear todo lo que veía hasta hacerse daño en los nudillos.

-¿por qué?- se dejo caer desfallecido, sin fuerza, sin esperanza. A fuera empezó a llover y a través de las grandes puertas de la cuadra entraba la luz de la luna. Para cuando Eloy se levanto de nuevo, el sol asomaba tímido entre las montañas. En la puerta, vio un papel clavado.

“lo siento mucho, se que debía haberte avisado, haberte dicho algo, pero sabia que entonces no me dejarías ir. Esos niños me necesitan, no se como ni cuando detendré la tropa, pero se que lo conseguiré y que regresaré pronto a tu lado. Apenas notaras mi falta en estos días, le he pedido a Azalea que te prepare la comida. Te quiero mucho.”

Evat.

            A Eloy se le humedecieron los ojos. Esperaba que no le pasase nada, no podría aguantarlo. Se sentía impotente, ni siquiera podía ir a buscarla, esta allí encerrado. Con mucho cuidado se guardo la nota y cerro las puertas de la cuadra.

* * * * *

            Evat se despertó con las primeras luces de la mañana. Llego a la tierra sobre las tres y media de la madrugada, y en contra de su voluntad, se vio obligada a dormir bajo un árbol. Durante la noche heló, el frío se le metía a Evat incluso a trabes de su capa que uso como manta. Adema, sobre las 5 de la mañana empezó a llover y tubo que levantarse a buscar un lugar donde cobijarse. Tras una dura noche, llegó el día y el sol brillaba, aprovechó para colgar sus ropas en una rama del árbol. Con todas las prisas de la huida de Aloa no pudo coger nada que comer, así que ahora tendría que improvisar algo.

            - ¿que te pasa Maximus? ¿Tú también tienes hambre? Al menos puedes pastar...- Evat le ató las riendas al árbol y se fue a buscar algo de comer completamente desnuda. No tubo que andar demasiado, a escasos minutos de su improvisado campamento encontró un árbol frutal. Estaba recolectándolas cuando escuchó ruidos. Evat se escondió tras un arbusto, podrían ser las tropas de Certus. Asomo la cabeza para observar.

            -¿Qué?- susurro para si decepcionada. Era un chico joven que Evat reconoció. Era Aaron, los soldados deberían estar cerca. Pobre, tenia cara de estar asustado, pero sobre todo, arrepentido. Evat volvió sobre sus pasos. Cuando legó al campamento sus ropas estaban casi secas, se las puso  y se sentó a comer algo.

            Mientras masticaba meditaba sobre como detendría a las tropas, entonces fue cuando se le ocurrió que para detenerlas debería encontrarlas primero.

            -vamos Maximus, le seguiremos- guardó la comida y montó en Máximus. A una distancia prudente y sin emitir el menor ruido fue tras Aarón para que le llevase hasta los soldados. Y efectivamente, segundos después, se vio persiguiéndoles. Tras unas largas horas llegaron a los límites de Aliter. Era día de mercado, y el pueblo estaba mas lleno de lo normal. Los niños jugaban despistados, en un solo segundo, toda la paz se esfumó. Los soldados irrumpieron en media plaza destrozando todo a su paso. Evat aterrorizada por los acontecimientos, bajo de su caballo y caminando como sin rumbo se planto en media plaza con la capucha puesta. Se quedó inerte sumida en sus pensamientos se mente voló involuntariamente al momento y al lugar en el que ella y Eloy fueron raptados. Tendrían 7 años, jugaban juntos en la plaza cuando unos hombres vestidos con imponentes armaduras los golpearos y los encadenaron. Todos sus gritos parecían ahogarse en la nada pues sus padres no pudieron hacer nada. Aterrorizada, Evat se percató de que solo tenía a Eloy. El vacío y el pánico la llenaba por dentro, y no podía hacer más que llorar.

            Volvió a la realidad, que tampoco la agradaba. Los niños ya estaban encadenados y por delante de ella no pasaban más que madres histéricas que buscaban la formar de hacer algo desesperadamente.

            Su mirada entonces se cruzó con la de un chico de ojos verdes que se escondía tras una carreta. Seguía mirándole cuado se percató de que un soldado la había reconocido a pesar de la capucha. Evat monto a Máximus y galopo lejos antes de que pudiese decir nada. Mientras se alejaba, los gritos y los llantos se oían cada vez más lejanos, débiles. Y cuando mas se internaba en el busque su expresión mas fría se volvía. Paro en seco,  había llegado al campamento de Certus accidentalmente, no había nadie vigilando, o eso le pareció. Bajo del caballo, pudo contar diez tiendas, dos para materiales y una para Certus. Por tienda dormían tres soldados, habrían 21 mas o menos.

            -Sssh cállate- Evat escuchó un susurro entre los arbustos, y discretamente fingiendo no haberse enterado, agarró la empuñadura de su espada. Oyó una rama crujir a sus espaldas y cuando se volvió una figura la atacó. Usando apenas un tercio de sus fuerzas Evat se lo quitó de encima y lo tiro al suelo. Antes de que pudiese reaccionar desenvaino la espada y se la puso al cuello.

- ¡No me mates yo solo quiero ayudar!- Evat se mostró indiferente ante el hecho de que fuese Aaron. Guardo su espada y siguió explorando el campamento como si nada. Aaron, sintiéndose menospreciado, se levanto y fue hacia ella.

-Mira Evat, no se que haces aquí, pero yo ya tengo un plan y lo vas a echar a perder. Así que puedes largarte.- la amarró del brazo y se puso frente a ella.

-Suéltame. A mi tampoco me emociona la idea de que estés aquí.-

- ¿ves esto?- Aarón saco la llave- esto es lo que abrirá la cadena de los niños mientras los soldados duermen. Si quieres ayudarme genial, si no, ¡vete o lo estropearas todo!- la soltó y la miro amenazante, aunque en realidad se sintiese intimidado. Conocía a Evat, ella fue quien la ayudo en el palacio a integrarse cuando llego. No era ella, había cambiado.

            - a es un buen plan, no se como habrás conseguido esa llave, pero siendo tan ingenioso como eres, estoy completamente seguras que has pensado en el pequeño detalle de que cuando los soldados lleguen con los niños no esperaran a mañana para volver. Para la hora de almorzar ya estaréis de vuelta en Aloa. Pero no seré yo quien te lo diga...- Aarón se quedo con la boca abierta como si fuese a relatarle la parte del plan en la que el salvaba a los niños, pero en vez de eso, la cerro.

            -¿como es que estas aquí?- Aarón no se esperaba la pregunta a si que tardo algo en reaccionar.

            - pues Certus no quería que vinieses por algo que no recuerdo y el único que quedaba era yo...-

            -No, me refiero a como es que estas en el campamento. Te vi con los soldados, es mas, os seguí.-

-Me escape, era parte del maravilloso plan que tu has destrozado.- Evat se sentó en una piedra. Aaron la miraba, le parecía preciosa, siempre se lo había parecido, `pero nunca se había atrevido a decírselo. El único chico que trataba de forma especial era aquel granjero. ¿Cómo se llamaba? a si, Eloy. Que envidia le tenía. Seguro que no se fijaba en el porque tan solo tenia 12 años. En ese momento, sentada en esa piedra, le gustaba mas que nunca, incluso con su nueva personalidad.

-¿no sabe nadie qué estas aquí?-

-         No-

-Perfecto. Cuando lleguen tú les dices que te ha seguido un grupo de campesino y que crees que están por la zona y que no es seguro abrir el portal. Certus mandara algunos soldados a peinar los alrededores. Esa será nuestra oportunidad. Tú distraerás a los soldados y yo abriré un portal a Aliter y mandaremos allí a los niños.-
-¡NO!- grito Aarón. En ese mismo instante una flecha atravesó el brazo de Evat, que callo al suelo del impacto. La habían descubierto de pleno. Se levanto le tendió el brazo sano a Aarón y tiró de él. Se alejaron lo más rápido que pudieron hasta llegar a los primeros árboles del bosque.

            - hay poco tiempo, te mandare a un pueblo, en la casa de pared verde di que yo te he mandado, te darán cobijo, pero no te puedes mover de allí hasta que yo valla a buscarte cuando todo mejore.-

            -¿y los niños? ¿Y si no vuelves?-

            - si no vives no podrás salvar a los niños, y si no vuelvo... habré muerto. Confía en mí, dame la llave.- Aarón se la dio casi llorando. La echaría mucho de menos si no volviera.

            - Adiós Evat.- Aarón iba a abrazarla cuando una flecha se clavo en el árbol.

            -¡corre!- Evat lo empujo y cerro el portal. Justo a tiempo, los soldados ya estaban rodeándola y apuntándola con sus armas.

            - quitarle la capucha- ordeno Certus. Para su sorpresa parecía que la capucha funcionaba  que el soldado que la había reconocido se había quedado con los niños. Uno de los soldados le quitó la capucha.

            -Oh Evat, mi hermosa Evat. ¿Qué haces aquí? te había preparado una sorpresa para la vuelta, pero ya veo que no podías resistirte.- Certus se puso muy cerca de Evat, tanto que podía oler la sangre de los inocentes que manchaba sus ropas. Se puso a su espalda y con una mano le tiro fuertemente del pelo hasta dejarla mirando al cielo mientras con la otra le agarraba las manos a la espalda.

            - Aquí soldados, tenemos un ejemplo de traición, y yo os voy a demostrar que hacer en estos casos- dijo arrastrando a Evat en esa posición en círculos para que todos los soldados la vieran.- Galo, ven agárrala.- Galo asomo entre los soldados y ocupo el puesto de Certus, que seguido se puso en frente de Evat.

            - bueno querida, ábrenos el portal de vuelta a casa y todo esto quedara olvidado. Date prisa, tenemos que curarte ese brazo- se acerco y le agarró el mentón.

            -Por mi puede pudrirse, como tu- Certus le abofeteo la cara con tal brutalidad que a galo se le escamo de las manos y calló al suelo.

            - ¿Nos abres ahora mi amor?- Evat se arrodillo y mirándolo a la cara le escupió. En un ataque de rabia, Certus agarró a Evat del brazo herido clavando las uñas en la carne. La sangre resbalaba por el brazo acabando en un charco. Evat gritaba y lloraba sin poder apenas moverse.

            - Dime donde esta Aarón si no piensas colaborar.- Certus apretó mas.

Entre los gritos y el dolor Evat no consiguió vocalizar ni una sola palabra. Certus apretó con todas sus fuerzas, y Evat sentía como se vaciaba, como se le escapaba en control de su cuerpo al igual que la sangre. La sensación era mil veces peor que darse un golpe en el dedo pequeño del pie, o incluso que cortarse con un folio entre dedo y dedo. Evat grito como nunca había gritado, tanto, que Certus aflojo un poco por miedo a que perdiese en conocimiento. Inconsciente no les servia de nada.

            - Encadenarla con el resto de los niños. ¿Ves lo que as conseguido amor? Yo no quería pero me has obligado a hacerlo. No sufrirás mucho, no será la primera vez para ti.- entre dos soldados la amarraron de los brazos y se la llevaron a rastras hasta el campamento. Había conseguido retrasarles, pero no lo suficiente. Cuando llegaron, todo estaba recogido y listo para ser trasladado. La encadenaron con los otros niños, todos ellos aterrorizados, paralizados, en trance. Cuando se recupero algo, empezó a buscar la llave que debía tener en el bolsillo. No estaba, debía de habérsele caído por el camino. Certus se aproximo a ella.

            - vamos, abre esa dichosa puerta- Evat, aparentemente rendida y sin ningún plan, abrió un portal.

            -¿ves? No era tan difícil. Que pena que sea demasiado tarde para ti, ya no te necesito. ¡Soltarla!- galo se acerco y le soltó las cadenas. Todos cruzaron el portal  menos Certus y galo, que antes de cruzar le dedicaron unas palabras.

            -Es una pena, eres hermosa, tenías un futuro prometedor junto a mí en Aloa. Galo, encárgate de ella.- galo alzó su espada sobre la cabeza de Evat que se encontraba arrodillada en el suelo. Esta, no sabiendo que hacer concentro todo su poder en huir.

* * * * *

            Evat observaba como el portal se cerraba dejando a Certus y a galo en la tierra maldiciendo.

            -¡Cuando vuelva a Aloa Eloy pagará todas tus traiciones!-. Le grito Certus. Pero ella estaba tranquila, sabía que la única forma de que pudiese volver era ella, pues no tenia nadie mas que conociese el portal a Aloa, así que aguantó todo lo que pudo antes de caer.

miércoles, 25 de abril de 2012

Cuarto capítulo :)


            Evat estaba a punto de saltar la valla del maizal para regresar a las cocinas, cuando escuchó las voces de dos soldados aproximándose. Se escondió entre los maíces y agudizó el odio.

-Así que ahora en rey quiere mandarnos a Aliter a por mas niños, ¿y que haremos con los que ya tenemos? No hay donde meterlos y  no podemos devolverlos a sus casa... acabarían delatándonos.- comentaba uno de los soldados de mala gana.

-de momento los esta encerrando para que no molesten por el palacio, pero le oí decir a galo que poco a poco los iría matando...es cruel pero no tenemos otra opción. Reza para que  no nos encargue a nosotros esa tarea.- el resto de la conversación no pudo escucharla pues se estaban alejando.

En el momento en el que giraron en la esquina, Evat salio de la maíces y subió  corriendo a su habitación. Al pasar por las cocinas no le dijo nada a nadie de lo ocurrido, no quería a alarmarlas.

Cuando llego cerró la puerta por dentro con llave. No podía creérselo, aquello eta terrible. Hasta el momento todos los niños que habían ido llegando se habían quedado  en el palacio sirviendo al rey, ella misma y Eloy llegaron de esa manera. Se dirigió hacia el escritorio de madera y del ultimo cajón sacó una caja negra de ébano con decoraciones en oro que simulaban unos cisnes nadando entre jucos. Cogió el colgante en forma de pájaro que siempre llegaba al cuello y lo encajo en una rendija, sonó un clic y se abrió. Cuando era pequeña, la cajita hacia música, pero el mismo día en el que llego a Aloa dejo de sonar. En ella guardaba cosas de su infancia que para ella eran de gran valor. Empezó a rebuscar y del fondo sacó unas hojas. Se sentó y con una pluma untada en tinta escribió lo que había oído. Todo lo relevante desde el día en que llegó estaba anotado. En una de las hojas Evat tenía apuntado todos los nombres de los niños que llegaban a Aloa y cual era su ocupación. Guardo las hojas y se tumbo en su cama. No podía permitir que matasen a los niños con tan solo doce años. Tenia que hacer algo. Se quedo dormida buscando la solución.

Se despertó sobresaltada por un ruido después de haber dormido profundamente. Se asomo a la venta, pero no vio nada. Miro la hora, había dormido más de dos horas, ya casi había anochecido. Se estiro se lavo la cara en el lavabo y fue a las cocinas para a ayudar a Azalea con la cena. Tras las dos horas de sueño seguía sin tener solución alguna, tenia que pensar algo pronto, dentro de una semana saldrían a Aliter para raptar a los que seria sus siguientes victimas. Llego a la cocina y se extraño al ver que nadie estaba trabajando, no había sirvientas de aquí para allá sirviendo la cena a los soldados en lujosas bandejas de plata.

- ¿Qué ocurre Azalea, hoy no cenan los soldados?-

-Chiquilla ¿no te has enterado? Han partido hay mismo hacia Aliter para...- Azalea no pudo acabar la frase, bajo la mirada y siguió limpiando.

- no, no es posible. ¡No pueden salir de  aquí sin que nadie les comunique con la tierra!- Evat estaba histérica dando vueltas de un lado a otro a lo largo de la cocina. Hablaba sola y gesticulaba con las manos, parecía que iba a explotar. Azalea no entendía nadan se puso frente a ella y la garro para pararla.
- ¡pero muchacha para ya! ¿Que te ocurre? Esto no es nada nuevo, es desagradable pero...-

-¡Azalea no lo entiendes, van ha matar a los niños! No puedo permitirlo. ¿Como han salido, y cuando?- Evat gritaba.

- Han ido hace un rato a por los caballos, Aarón les abrirá la puerta.-

            Antes de que pudiese hacer nada Evat le dio un beso y salio corriendo por la portezuela hacia las cuadras. Corrió como nunca lo había hecho antes y llego a las cuadras en un tiempo record, pero no fue suficiente. Los soldados ya habían partido, solo quedaban algunos caballos y Eloy con su potro e Ivis. Evat fue a donde él dándole golpes en el pecho y empujándolo.

            ¡Porque los has dejado ir! No tenías que dejarles no pueden irse... esto es culpa mía, no he llegado a tiempo...- Evat se echo a llorar en lo brazos de Eloy, y este la abrazo para consolarla. Evat poco a poco se relajo y se aparto de él avergonzada, se sentó mirando al suelo.

            -Evat, ¿que te pasa? Pensaba que ya lo habías superado, sabes de sobra que esto siempre pasa, y que seguirá pasando...-Eloy la abrazó por la espalda y le limpió una lagrima con la mano, mientras con la otra le colocaba en pelo detrás de la oreja.

- Van a matar a los niños, oí a los soldados decirlo, tengo que detenerlos...-

Eloy se quedo de piedra, se quedo quieto en la misma postura esperando a que Evat dijese o hiciese algo. Paso un rato así, sin conversación. Al final, Evat se levanto decidida a intervenir. No tenía ningún plan pero no podía esperar sentada a que la inspiración le llegase.

- coge mi silla y las riendas, prepárame algún caballo, voy tras ellos.- Evat le ordenaba a Eloy todo esto mientras ella se ponía unos pantalones negros de montar. Se miro en un espejo, parecía una sombra, iba completamente vestida de negro, para que nadie la reconociera se puso una capucha también negra.

- Evat ¿pretendes detenerlos tu sola? No puede pararlos.- Le agarro del brazo y ella intento zafarse, pero él era mas fuerte. La miro a la cara.

-suéltame-  le dijo con tono amenazante.

- mira esto es una locura ¿y si te pasara algo? No puedo vivir sin ti Evat así que no pienso dejarte ir ¿entiendes? – Eloy le habla en un tono bajo imponente, pero con respeto. Nunca antes e habían tratado así.

- Suéltame por favor.- cambio de tono, estaba más relajada.

- prométeme que no iras Evat, que no cometerás ninguna locura. Te necesito y lo sabes.- Eloy la soltó al ver que ella cedía. Evat volvió a romper en lágrimas y se dejo caer al suelo abandonada sin ganas de nada.

- Ven, te acompaño a tu cuarto para que descanses.- Eloy la levanto del suelo y se alejaron lentamente hacia en palacio.


* * * * *

            Al otro lado de Aloa, el rey Certus y sus soldados esperaban impacientes a que Aarón consiguiera abrir el portal a la tierra.

            - ¡Mocoso date prisa! Que a este paso se nos hace de noche.- Certus le gritaba al muchacho ferozmente.

            - no me presione por favor amo Certus, es que apenas me quedan fuerzas...- Aarón dijo esto con la cabeza gacha. Certus le pego en la cara tumbándolo en el suelo. Todos los soldados se rieron a la vez que Certus. De repente se puso serio, le agarro del cuello y lo levanto.

            - abre ese maldito portal o lamentaras estar vivo.- lo soltó y el niño se esforzó al limite, pero rondaba ya los 12 años y el don en El había perdido casi toda su intensidad. No era muy alto, tenía el pelo castaño claro y rizado. El pobre estaba completamente asustado, no era más que un mocoso como Certus había dicho.

            Por fin. Logro abrir en portal a la tierra y pudo relajarse algo. Poco a poco, vio como los soldados pasaban por el portal ante él, y se imagino lo que horas mas tarde presenciaría.

            En la tierra ya era de noche, y los soldados no estaban preparados para enfrentarse a un poblado sin luz, así que Certus, en contra de su voluntad, decidió que el ataque se efectuaría a la mañana. Aarón se relajo un poco, tendría más tiempo para  que se le ocurriera algo, y así fue. Unas horas mas tarde, cuando todos dormían en sus respectivas tiendas, Aarón se escapo de la suya y entro en la que montaron para guardar los materiales. Una vez dentro, se encontró con todo tipo de instrumentos y armas, aparte de las cadenas con las que mañana apresarían a los niños. Sin perder más tiempo, empezó a rebuscar en todas partes buscando una llave. ÉL sabía que tenía que haber alguna en algún lugar. La real, la llevaba Certus encima para tener controlados a sus niños, pero debía de haber alguna copia por si algún soldado necesitaba soltar a algún niño de las cadenas. Tropezó con algo, y calló causando  mucho ruido. A lo lejos, escucho como en el campamentos dos soldados se levantaban y se aproximaban hacia su posición. Asustado se escondió tras una mantas. Los soldados entraron en la tienda mientras hablaban entre ellos. Después de hacer una búsqueda no muy elaborada se fueron tranquilos con la teoría de que habría sido algún animal. Aarón espero unos minutos antes de salir de su escondrijo para asegurarse de que no había ningún peligro. Al quitarse las matas se callo algo brillante al suelo. La llave. La cogió y se fue con una sonrisa pintada.


* * * * *


            Eran las dos de la mañana, las cuadras estaban vacías, como era de esperar, los pocos caballos que quedaban dormían. Cogió las riendas y ensillo uno de los caballos y lo monto sigilosamente. Antes de salir, clavó una nota en la puerta e la cuadra y hechó a galopar en la oscuridad de la noche con la capucha al viento.

jueves, 9 de febrero de 2012

Tercer capítulo (:



Cuatro días antes del ataque en Aliter, el rey Certus paseaba por los jardines de Aloa, su reino, el que él mismo había creado usando el don de los niños. Todo a su alrededor era majestuoso y derrochaba esplendor. Los azulejos de mármol iban trazando caminos a lo largo del terreno, e iban llevándote a trabes de la  vegetación.  Certus, estaba orgulloso de su creación, y tenía intención de seguir aumentándola, el palacio real estaba completamente terminado, y ya sabia como seria el pueblo. Sería rico y con abundantes tierras fértiles en las que poder cultivar, sería en mejor pueblo jamás visto. Pero, necesitaba más niños para poder crearlo, y él estaba cansado. Los niños crecían rápido y perdían el don pero no podía cogerlos demasiado jóvenes ya que necesitaba que pudiesen pensar para que cumpliese sus ordenes con la debida eficacia. Idem ya no ofrecía nada de su agrado desde que cerraron las murallas. Los raptos allí fueron disminuyendo hasta ser nulos. La mayoría de los poderosos se conformaron con lo que tenían, pero él no. Él quería más, su mundo aun estaba incompleto, y con él, sus planes. Ya había empezado a atacar en nuevos lugares, pero cada vez era más difícil, la gente empezaba a estar más alerta. Necesitaba un nuevo lugar donde atacar.

            - ¡Evat!, ¡Evat!- a lo lejos, Certus vio aparecerla figura de una joven muchacha. Su cabella era blanco, y caía liso hasta los hombros, era de piel clara y parecía algo siniestra. Su estatura rondaba el metro sesenta y estaba muy delgada.

            -¿Qué quieres? – dijo secamente.

            - Oh mi hermosa Evat, observa a tu alrededor y dime que ¿no será precioso el poblado que habrá, con sus fuentes, su parque y sus chozas? Dime, ¿no será de tu agrado? Ahora, cierra los ojos e imagínate que puede ser tuyo, amada mía, tuyo y mío.- Certus la observaba mientras, con la mano hacia un gesto que señalaba todo el terreno que tenían delante.

             - Si lo seria, seria bello y magnifico, pero sus fines negros y perversos. Me niego.-

            - Pero, ¿a que te niegas si aun no te he propuesto nada?   Hoy, me he levantado de buen humor, y se me antoja pasear con la cosa más hermosa del reino.- dijo tendiéndole la mano.

            - Pues paséate a ti mismo egocéntrico, siempre me propones lo mismo y yo siempre te doy la misma respuesta, búscate a otra. – Evat se volvió. Tan solo tenía quince años pero no era tonta.

             -¡A donde te crees que vas! ¿Es que piensas que puedes hacer lo que te venga en gana? ¡A pesar de tu condición privilegiada estas a mis ordenes y harás lo que yo guste! ¡Y yo quiero que construyas ese reino! – a Certus se le estaba acabando la paciencia, como era habitual.

            -No- se dio la vuelta y se fue con paso firme.

            - ¡Esta bien! ¡Lo haré yo solo, como ice este palacio! ¡Pero algún día caerás en mis brazos!- la chillo mientras la veía alejarse indiferente de todo lo que él le proponía.- ¡Galo!- grito indignado. En cuestión de segundos, apareció un imponente soldado con armadura. Se situó al lado del rey y espero pacientemente mientras este andaba cabizbajo a su alrededor.

-Un nuevo lugar... lejano... – Certus susurraba.

-Discúlpeme amo, ¿Qué ha dicho?-

- ¡Que necesitamos un nuevo lugar! Nuevos niños... los anteriores ya son mayores, apenas me quedan tres que aun valgan... veamos el mapa.- ordenó con un tono siniestro.

Unos minutos más tarde, estaban reunidos en una estancia de dentro del palacio Certus, Galo y Evat, esta última escuchaba indiferente desde una esquina todo lo que hablaban.

- Aquí al lado del río hay una aldea, posiblemente habrá niños.- comentaba Galo señalando un poblado en el  mapa.

- No no no no... Ese mismo río será el que no dificulte la huida.... ¡aquí mejor!-  chilló eufórico. Estaba sentado sobre un trono aparentando ser el rey del mundo y señalando los lugares en el mapa con una fusta.- es perfecto, no hay rió y además es un pueblo prospero, ¿tu qué opinas amorcito?-  se acercó a Evat y uso la fusta para elevarle la cara desde el mentón.

- Qué seria perfecto si no estuviese rodeado de montañas.- dijo apartando la fusta de un golpe y sosteniéndole la mirada desafiante.

-Cierto, algún otro lugar ha de haber, pensemos...- se giró de golpe dándole la espalda a Evat y volcando accidentalmente una copa de vino con la fusta. La copa callo sobre el mapa manchándolo con lo que quedaba por beber.

- Mmmm Aliter, un buen lugar. Estable, con mercados, abundante agua y de fácil acceso... Galo, prepara a tus hombres, ya tenemos destino.-

Galo se retito, y Certus fue tras el dejando a Evat sola. Se acercó a la mesa y levanto la copa. El vino se había derramado rodeando los límites de Aliter pero sin llegar a tocarlos, Evat se lamento por los que allí habitaran. Retiró la mirada del mapa apenada y se retiro de la estancia. Tomo el largo pasillo hasta el final y bajó las diminutas y escondidas escaleras que levaban a las cocinas. Apenas había luz allí abajo, las doncellas, criadas y cocineras trabajaban  prácticamente a ciegas.

-Muy buenas Azalea, ¿que tal os va el día?- Evat se sentó en un pequeño taburete al lado de una mujer robusta de unos cuarenta años que estaba deshuesando a un pollo para asarlo.

- Como siempre cariño, atareado, alimentar a los peones de tu “amado” no es tarea fácil.- las dos mujeres rieron.

-Azalea, ¿no te habrá sobrado algo que puedas darme verdad? Estoy hambrienta.- Evat miraba el pollo que preparaba como si se lo fuese a comer tal cual.
-Hoy también te has negado a comer lo que el rey te ofrece? Menos mal que para ti siempre hay mi vida.-

- Jamás comeré de su mano, me repugna-

-Nunca aprenderás....- dejó el pollo en una cacerola y se adentro en la despensa. Apareció un segundo después con una taza en la mano.- toma, ayer sobró algo de guiso, aprovéchalo, tiene hasta conejo.-

Evat se puso en una esquina a comer para no molestar. Miraba con amor a Azalea, era prácticamente su madre, como la cuidaba. Evat deseaba tener la oportunidad de sacar a todos de allí algún día.

-Mmmmm esto esta buenísimo, nunca dejaras de sorprenderme en los fogones. ¿Por algún casual, no habréis visto a Eloy verdad? Lo he estado buscando toda la mañana- Evat rebaño con pan lo poco que le quedaba en la taza y se puso a fregar algunos cacharros.

-Deja eso cariño que ya lo hacemos nosotras, esta en las cuadras como siempre.-

-Gracias Matilde, a la noche pasaré a ayudaros ¡hasta luego!-

            Evat salió corriendo por una portezuela que llevaba a los campos del palacio. Aun era pronto así que los cruzó con calma y disfrutando el paseo. Tras asegurarse de que no había nadie por los alrededores, saltó una valla y se metió en un maizal para atajar, pues el camino hasta las cuadras era muy largo. Cuando llegó al otro lado, saltó de nuevo y se agachó para pasar a hurtadillas entre las ovejas y que el pastor no la viera. Se metió dentro del gallinero, y cogió una cesta que tenia allí escondida. Contenía pan de ayer, un poco de aceite y ajos, y ahora dos huevos que Evat acababa de robar de un nido. Salió, rodeo un corral y por fin llegó a las cuadras. Como siempre, las puertas estaban abiertas, Evat se apoyo en el borde para descansar y observar a Eloy mientras faenaba con los caballos.  Era alto y moreno, de piel clara y impresionantes ojos azules. Estaba cepillando a su protro, su nuevo juguete.

            -Ejem- Evat se aclaró la garganta para llamar su atención y Eloy se giró rápidamente.

            -Dios,  pero ¿Qué haces hay? ¡Entra! Como te pillen aquí nos matan- dijo Eloy tirándole del brazo hacia adentro y cerrando las puertas.

            -Hola Evat, que bien te veo, no sabes cuan feliz soy cuando me visitas.- dijo ella sarcástica, sacando todo lo de la cesta y apoyándolo en una mesita, mientras sonreía.

            -Si si, me encanta que vengas de verdad, pero algún día te pillaran y ya no estarás de tan buen humor.- dijo Eloy mientras volvía a cepillar a su potro.

            -Es precioso, pero ya sabes que deberías atender más a los caballos de Certus, sabes como se pone cuando no están punto para sus batallitas, y no me gustaría que te hiciese nada...- Evat le acarició una mejilla y se alejo hacia el trastero. Volvió con una sartén y dos piedras para encender la lumbre y freír los huevos.
            -Los tengo bien cuidados no te apures, ¿alguna vez te he fallado?-  le preguntó con una sonrisa pícara.

            -Vale, confío en ti. ¿Qué tal esta Ibis? –

            - Bien la verdad, ya casi se ha recuperado del todo, ¿Quieres verlo?-

            Evat siguió a Eloy hasta el fondo de las cuadras, tardaron bastante en llegar pues eran grandes, al fin y al cabo, tenían 184 caballos, ni más ni menos. Dos de ellos pertenecían a Eloy, otro al rey y el gran macho de Evat, el resto eran todos de los soldados, caballos de guerra. Por fin llegaron, Ibis estaba tumbado en el suelo, era un magnifico macho negro, muy grande para su joven edad. No era un caballo normal, era el caballo alado de Evat.

            -Mírale el ala, ya casi esta curada. Puede moverla aunque esta débil así que tendrá que esperar un tiempo más para volver a volar.

Evat Se agachó y toco las plumas negras de Ibis, el macho sintió su presencia y se levanto para saludar a su ama.

-Eh, eh, eh, no tan deprisa enano, no quiero que te hagas daño. ¿Tienes hambre cosita?- Evat le dio una zanahoria y le acarició mientras este se la comía.

            -Bff, yo si que estoy hambriento, aun no he com...- Evat no le dejó acabar la frase.

            -¡Madre mía, los huevos!- Echó a corre por el pasillo de vuelta.

            Eloy ató de nievo al macho, le relleno en cuenco del agua y fue tras Evat. Para cuando llegó, Evat ya había servido los huevos con el pan untado en aceite y ajo.

            -Lo siento... te has quedado sin yema, pero te prometo que la comida de mañana será mejor.- se sentó junto a Eloy mientras comía.

            -Esto Evat, creo que deberías irte ya, yo debo seguir trabajando y estoy seguro que a estas horas tu “amado” te estará esperando.-dijo el muchacho de la misma edad de Evat entre risas. Evat le despeinó y se levanto para abrazarle.

            Muchas gracias, ¿Qué haría yo sin ti?, pero como vuelvas a llamarlo así te juro que comerás el resto de tu vida huevos yema chamuscada.- se separaron, se miraron una vez más, y Evat  se volvió para reunirse de nuevo con su “amado”.


lunes, 30 de enero de 2012

Segundo capítulo ;D


           El camino que le esperaba a Olim fuera de aquellas murallas era largo, duro, y sobre todo peligroso. Aunque nada de eso le echaba atrás, y nada le daba más miedo que la imagen de su padre persiguiéndole. Llevaba sin comer desde que escapo, y estaba hambriento. Tenia prevista una aparada para esa mañana, pero después del incidente del día anterior en el mercado, no pudo permitírsela. Ahora, caminaba por terrenos desconocidos, pues nunca antes había estado fuera de los limistes de Aliter, pero aquel lugar le pareció seguro para descansar y reponer energías.  Se desvió un poco del camino y se adentró en el bosque para protegerse de las miradas furtivas de algunos paseantes. Encontró una especie de oasis, no era gran cosa, pero el musgo blandito en el suelo y un riachuelo de agua fresca, en aquellos momentos era el cielo. Se tumbo y cerro los ojos.

Podía imaginarse como seria su vida, no sabia a donde iba ni cuando llegaría, pero sabia que seria precioso. Tendría una humilde casa con sus huertos, gallinas y bacas, de los que viviría. Todas las mañanas, llevaría el ganado a pastar, y así conocería a una pastorcita que seria hija del simpatiquísimo alcalde. Le pediría la mano, y tendrían hijos, muchos hijos, envejecerían juntos en la casita y conocerían a su nietos. Abrió los ojos, le fascinaba como con solo pestañear se podía viajar a otros mundos era mágico. Los volvió a cerrar, escuchaba el agua corriendo libre por entre las piedras, podía oler frescura, cada bocanada de aire era un cosquilleo de hierba buena.

            Salió de su trance con el sonido de sus tripas, aun no había probado bocado, así que se incorporo y sacó de la mochilla un currusco de pan y algo de queso, no era gran cosa, pero era comida. Cuando se lo acabó, bebió agua y aprovechó para asearse. Se quitó la ropa y se metió en el agua. Estaba helada, pero por lo menos se despejaría. Salió y se secó con unas hojas, era tarde, la parada se había alargado demasiado. Se visitó y se puso de nuevo en camino. Serian alrededor de las cuatro, eso quería decir que contaba con otras cuatro horas antes de que empezase a anochecer. Dedicaría tres horas aproximadamente a avanzar y después buscaría algún sitio más o menos decente donde poder pasar la noche.

            Otra vez en camino, volvieron a su mente todas las imágenes del ataque, las caras asustadas de los niños y el pánico de las madres. Todas las mujeres lloraban, gritaban o corrían, todas, menos una, le pareció extraño, pero en esos momentos no le prestó demasiada atención. Ahora, caminando solo por el camino, y sin nada interesante en lo que centrarse, sentía curiosidad por ella. No llegaba a recordar su cara, ni siquiera su ropa, solo recordaba que en el momento que a vio, le parió conocerla.  Bueno, no era lo más importante, lo que realmente si que lo era, seria llegar a algún pueblo cercano para refugiarse. Si seguía recto por el camino, debería llegar pronto a algún poblado o aldea, pues de vez en cuando se cruzaba con algún campesino.

            Olim se detuvo tras haber caminado un par de horas, había llegado a un cruce. El camino se dividía en dos, y no había señalización alguna. ¿A dónde se supone que debía ir ahora? La derecha. De toda la vida la mano diestra, la correcta, posiblemente el camino seguro. La izquierda. Mano torpe sin gracia alguna, seria un camino duro. Olim no sabia que hacer  ni que camino elegir, además, no veía ningún campesino al que poder preguntar. Izo lo que siempre le sacaba de apuros, cerrar los ojos y reflexionar. Cuando los abrió minutos mas tarde sin haber resuelto ninguna duda, vio algo caer desde el cielo a gran velocidad y estrellarse contra el suelo.  Sin pensárselo y sin darse cuenta, cogió el camino de la izquierda y corrió hacia allí.
            Mientras corría, no pudo evitar  mirar a su alrededor. Lo que antes eran árboles verdes con lustroso follaje, ahora eran altos troncos secos con tres o cuatro ramas muertas, eran prácticamente negros. El camino había desaparecido, la densa vegetación se lo había comido. Si no llegaba a algún otro lugar, dormir en aquellos bosques no le inspiraba demasiada confianza.  Apenas podía respirar, se le escapaban las fuerzas, pero seguiría corriendo hasta llegar a donde quería, al fin y al cabo, la curiosidad mató al gato.  Unos metros mas adelante, había algo tirado en el suelo moviéndose. Olim se detuvo y se acercó lentamente, era un águila joven. Estaba mal herida, alguien se había dedicado a apedrearla, que bonito por su parte. Al verla. Olim recordó un pato que tubo de pequeño y que se murió por no cuidarlo como era necesario. Aquel magnifico ave, lo miraba suplicante, como lo izo en su día el pato, y se juro a si mismo, que no moriría, no en sus manos. La cogió, y se alejó con ella.
            

jueves, 26 de enero de 2012

Primer capitulo ;D

Olim no podía aguantar mas a sus padres, cada día era una guerra en la que ganaba el que mas humillase al prójimo. A veces, soñaba con volver a aquellos tiempos en los que tan solo era un mocoso que no hacia mas que jugar  y correr. Pero aquella fantasía, no era posible, tenia 17 años y había pasado once de ellos sufriendo, todo por culpa de sus padres. Cuando tan solo tenía seis años, su hermano mayor murió en un trágico accidente y ellos nunca lo superaron. Desde aquel día nada fue lo mismo. Le habían robado la infancia demasiado pronto y de forma tajante. Ahora estaba observando una de tantas discusiones entre sus padres, pero esta vez su padre se paso y la pego a ella, Olim sintió que muria viéndola en el suelo llorando.

-¡Estas loco! ¿Que quieres matarla?!
- ¡Cállate! ¡Y desaparece de mi vida!- su padre había bebido, nada nuevo, y
como de costumbre solo sabia faltar al respeto.
- ¿es eso lo que quieres? Muy bien, acabas de perder a tu segundo hijo, es tu día
de suerte.- le dijo secamente, y se fue hacia las cuadras dando un portazo.

            Hacia tiempo que tenía allí una mochila preparada con lo esencial para huir y poder sobrevivir un par de semanas, pero nunca había logrado marcharse, hasta ahora. Le apenaba abandonar a  su madre, pero confiaba en que después de lo ocurrido, ella también escapase a la menor oportunidad. Se vio reflejado en un espejo, hacia tiempo que no lo hacia, en la casa el mismo los retiro por miedo de que sus padres pudiese causar algún accidente. Su pelo castaño estaba enredado, y veía como en sus ojos verdes ya no quedaba nada más que vació. Había crecido, y mucho, y su cuerpo se había desarrollado,  lo que veía le gustó, era un cuerpo bien formado después de tantos duros años de trabajo en los campos. Pero  eso le hizo darse cuenta de que, definitivamente, nunca volvería a ser niño. Aparto la mirada y la volvió de nuevo hacia la mochila.

            Esta vez, no titubeo, cogió la bolsa y salio de las cuadra hacia el camino que le llevaría al pueblo, y después cruzaría las murallas de Aliter para vivir de distinta manera. Lo que no sabía era que llegaría tan lejos. Le costo toda la noche y parte de la mañana llegar al poblado, pero ese parecía ser su día. No había ninguna señal que le hiciera pensar que su padre le persiguiese, y además el día era soleado. En la plaza central todos los mercaderes exponían sus productos, y las mujeres paseaban de allí para allá, con sus cestas de mimbre colgadas, probando todo antes de comprarlo. El mismo cayó en la tentación y comenzó a dar un par de vueltas por el mercado, aunque no sentía ganas de comprar nada, tan solo necesitaba descansar y repasar todo lo ocurrido. En tan solo unas horas, su mundo había dado un vuelco, nada estaba en su sitio, y en esos momentos se sentía como la pieza de un puzzle que se pierde y nunca llega a encontrar su lugar. Y nunca mejor dicho.

            Como de la nada, aparecieron  una docena de caballeros montados en sus majestuosos caballos, destruyéndolo todo a su paso. Las mujeres corrían, y los niños que jugaban desatendidos, fueron derribados y encadenados unos con otros. Los mercaderes abandonaron sus puestos y buscaron cobijo en la casa de algún humilde pueblerino. Gritos y sollozos, ese era el ambiente, el sol parecía que estuviese desapareciendo, eso, o Olim cada vez veía todo mas negro. Las madres desesperadas que se acercaban al rescate de sus amados niños, eran castigadas a latigazos, y no paraban de atacarlas,  hasta que no pudieran levantarse. Reunieron a casi todos los niños menores de diez años y poco a poco se retiraron llevándoselos consigo.

            Olim observaba la escena tras una carreta de paja, estaba atónito. Desde pequeño era conocedor de tales atrocidades, ya que era algo que todos los padres contaban a sus hijos. Siempre pensó que seria una treta para que se portase bien, parecía ser que no. Aquella vez fue la primera que ocurrió en Aliter, las historias siempre se situaban en Idem, el reino maldito, e incluso a veces, llegaban rumores de que ocurrían cosas similares en otros lugares. Pero tan solo eran eso, rumores.  Poco a poco, fue saliendo de su escondrijo a medida que sentía que el peligro había pasado. Centro su vista en el portal de la casa central, todos los hombres se habían reunido con palas, hachas o lo que tuviesen a mano, y se disponían a ir tras los caballeros.

            Olim los seguía desde una distancia prudente, pues estaban muy soliviantados, y no quería hacer nada que pudiese agravar su enfado. Continuaron así hasta bien entrada la tarde, no hubo parada alguna para comer, y no solamente siguieron los caminos, si no que también buscaron por los alrededores y los bosques cercanos. No había señal alguna de que tal cantidad de gente y caballos hubiesen pasado por hay recientemente, y  los hombres empezaban a inquietarse. Olim seguía allí, ayudando en cuanto podía, pero no servida de mucho, entonces llego un muchacho, más o menos de su misma edad. Estaba sofocado, rojo y a punto de ahogarse, se dirigió al que parecida ser el organizador de la tropa, por así decirlo.

            - En el grupo del norte hemos encontrado un rastro, pero lamento decirle, que no parece llevar a ninguna parte...- dijo apenas sin aliento, y se derrumbo. Parece ser que vino corriendo desde la otra punta del sendero, donde se situaba la segunda mitad del grupo. El supuesto jefe le miro incrédulo.
-¿A que te refieres con que no parece llevar a ninguna parte muchacho?- dijo tendiéndole la mano para que se levantase.
- vengan ustedes y compruébenlo.- y así se izo.

            Minutos mas tarde, el grupo entero estaba reunido alrededor su unas huellas de caballo y de lo que aparentaban los pies descalzos de sus hijos y hermanos. Nadie se lo podía creer, la verdad, es que Olim tampoco acertaba como podía ser aquello real. Todas, hasta la ultima de las  marca, desaparecían en el mismo lugar, no seguían. Ciertamente, el muchacho tenía razón, no llevaban a ninguna parte.

            La tropa se retiro incrédula, y Olim siguió su camino dejando atrás un pueblo destrozado.