lunes, 30 de enero de 2012

Segundo capítulo ;D


           El camino que le esperaba a Olim fuera de aquellas murallas era largo, duro, y sobre todo peligroso. Aunque nada de eso le echaba atrás, y nada le daba más miedo que la imagen de su padre persiguiéndole. Llevaba sin comer desde que escapo, y estaba hambriento. Tenia prevista una aparada para esa mañana, pero después del incidente del día anterior en el mercado, no pudo permitírsela. Ahora, caminaba por terrenos desconocidos, pues nunca antes había estado fuera de los limistes de Aliter, pero aquel lugar le pareció seguro para descansar y reponer energías.  Se desvió un poco del camino y se adentró en el bosque para protegerse de las miradas furtivas de algunos paseantes. Encontró una especie de oasis, no era gran cosa, pero el musgo blandito en el suelo y un riachuelo de agua fresca, en aquellos momentos era el cielo. Se tumbo y cerro los ojos.

Podía imaginarse como seria su vida, no sabia a donde iba ni cuando llegaría, pero sabia que seria precioso. Tendría una humilde casa con sus huertos, gallinas y bacas, de los que viviría. Todas las mañanas, llevaría el ganado a pastar, y así conocería a una pastorcita que seria hija del simpatiquísimo alcalde. Le pediría la mano, y tendrían hijos, muchos hijos, envejecerían juntos en la casita y conocerían a su nietos. Abrió los ojos, le fascinaba como con solo pestañear se podía viajar a otros mundos era mágico. Los volvió a cerrar, escuchaba el agua corriendo libre por entre las piedras, podía oler frescura, cada bocanada de aire era un cosquilleo de hierba buena.

            Salió de su trance con el sonido de sus tripas, aun no había probado bocado, así que se incorporo y sacó de la mochilla un currusco de pan y algo de queso, no era gran cosa, pero era comida. Cuando se lo acabó, bebió agua y aprovechó para asearse. Se quitó la ropa y se metió en el agua. Estaba helada, pero por lo menos se despejaría. Salió y se secó con unas hojas, era tarde, la parada se había alargado demasiado. Se visitó y se puso de nuevo en camino. Serian alrededor de las cuatro, eso quería decir que contaba con otras cuatro horas antes de que empezase a anochecer. Dedicaría tres horas aproximadamente a avanzar y después buscaría algún sitio más o menos decente donde poder pasar la noche.

            Otra vez en camino, volvieron a su mente todas las imágenes del ataque, las caras asustadas de los niños y el pánico de las madres. Todas las mujeres lloraban, gritaban o corrían, todas, menos una, le pareció extraño, pero en esos momentos no le prestó demasiada atención. Ahora, caminando solo por el camino, y sin nada interesante en lo que centrarse, sentía curiosidad por ella. No llegaba a recordar su cara, ni siquiera su ropa, solo recordaba que en el momento que a vio, le parió conocerla.  Bueno, no era lo más importante, lo que realmente si que lo era, seria llegar a algún pueblo cercano para refugiarse. Si seguía recto por el camino, debería llegar pronto a algún poblado o aldea, pues de vez en cuando se cruzaba con algún campesino.

            Olim se detuvo tras haber caminado un par de horas, había llegado a un cruce. El camino se dividía en dos, y no había señalización alguna. ¿A dónde se supone que debía ir ahora? La derecha. De toda la vida la mano diestra, la correcta, posiblemente el camino seguro. La izquierda. Mano torpe sin gracia alguna, seria un camino duro. Olim no sabia que hacer  ni que camino elegir, además, no veía ningún campesino al que poder preguntar. Izo lo que siempre le sacaba de apuros, cerrar los ojos y reflexionar. Cuando los abrió minutos mas tarde sin haber resuelto ninguna duda, vio algo caer desde el cielo a gran velocidad y estrellarse contra el suelo.  Sin pensárselo y sin darse cuenta, cogió el camino de la izquierda y corrió hacia allí.
            Mientras corría, no pudo evitar  mirar a su alrededor. Lo que antes eran árboles verdes con lustroso follaje, ahora eran altos troncos secos con tres o cuatro ramas muertas, eran prácticamente negros. El camino había desaparecido, la densa vegetación se lo había comido. Si no llegaba a algún otro lugar, dormir en aquellos bosques no le inspiraba demasiada confianza.  Apenas podía respirar, se le escapaban las fuerzas, pero seguiría corriendo hasta llegar a donde quería, al fin y al cabo, la curiosidad mató al gato.  Unos metros mas adelante, había algo tirado en el suelo moviéndose. Olim se detuvo y se acercó lentamente, era un águila joven. Estaba mal herida, alguien se había dedicado a apedrearla, que bonito por su parte. Al verla. Olim recordó un pato que tubo de pequeño y que se murió por no cuidarlo como era necesario. Aquel magnifico ave, lo miraba suplicante, como lo izo en su día el pato, y se juro a si mismo, que no moriría, no en sus manos. La cogió, y se alejó con ella.
            

jueves, 26 de enero de 2012

Primer capitulo ;D

Olim no podía aguantar mas a sus padres, cada día era una guerra en la que ganaba el que mas humillase al prójimo. A veces, soñaba con volver a aquellos tiempos en los que tan solo era un mocoso que no hacia mas que jugar  y correr. Pero aquella fantasía, no era posible, tenia 17 años y había pasado once de ellos sufriendo, todo por culpa de sus padres. Cuando tan solo tenía seis años, su hermano mayor murió en un trágico accidente y ellos nunca lo superaron. Desde aquel día nada fue lo mismo. Le habían robado la infancia demasiado pronto y de forma tajante. Ahora estaba observando una de tantas discusiones entre sus padres, pero esta vez su padre se paso y la pego a ella, Olim sintió que muria viéndola en el suelo llorando.

-¡Estas loco! ¿Que quieres matarla?!
- ¡Cállate! ¡Y desaparece de mi vida!- su padre había bebido, nada nuevo, y
como de costumbre solo sabia faltar al respeto.
- ¿es eso lo que quieres? Muy bien, acabas de perder a tu segundo hijo, es tu día
de suerte.- le dijo secamente, y se fue hacia las cuadras dando un portazo.

            Hacia tiempo que tenía allí una mochila preparada con lo esencial para huir y poder sobrevivir un par de semanas, pero nunca había logrado marcharse, hasta ahora. Le apenaba abandonar a  su madre, pero confiaba en que después de lo ocurrido, ella también escapase a la menor oportunidad. Se vio reflejado en un espejo, hacia tiempo que no lo hacia, en la casa el mismo los retiro por miedo de que sus padres pudiese causar algún accidente. Su pelo castaño estaba enredado, y veía como en sus ojos verdes ya no quedaba nada más que vació. Había crecido, y mucho, y su cuerpo se había desarrollado,  lo que veía le gustó, era un cuerpo bien formado después de tantos duros años de trabajo en los campos. Pero  eso le hizo darse cuenta de que, definitivamente, nunca volvería a ser niño. Aparto la mirada y la volvió de nuevo hacia la mochila.

            Esta vez, no titubeo, cogió la bolsa y salio de las cuadra hacia el camino que le llevaría al pueblo, y después cruzaría las murallas de Aliter para vivir de distinta manera. Lo que no sabía era que llegaría tan lejos. Le costo toda la noche y parte de la mañana llegar al poblado, pero ese parecía ser su día. No había ninguna señal que le hiciera pensar que su padre le persiguiese, y además el día era soleado. En la plaza central todos los mercaderes exponían sus productos, y las mujeres paseaban de allí para allá, con sus cestas de mimbre colgadas, probando todo antes de comprarlo. El mismo cayó en la tentación y comenzó a dar un par de vueltas por el mercado, aunque no sentía ganas de comprar nada, tan solo necesitaba descansar y repasar todo lo ocurrido. En tan solo unas horas, su mundo había dado un vuelco, nada estaba en su sitio, y en esos momentos se sentía como la pieza de un puzzle que se pierde y nunca llega a encontrar su lugar. Y nunca mejor dicho.

            Como de la nada, aparecieron  una docena de caballeros montados en sus majestuosos caballos, destruyéndolo todo a su paso. Las mujeres corrían, y los niños que jugaban desatendidos, fueron derribados y encadenados unos con otros. Los mercaderes abandonaron sus puestos y buscaron cobijo en la casa de algún humilde pueblerino. Gritos y sollozos, ese era el ambiente, el sol parecía que estuviese desapareciendo, eso, o Olim cada vez veía todo mas negro. Las madres desesperadas que se acercaban al rescate de sus amados niños, eran castigadas a latigazos, y no paraban de atacarlas,  hasta que no pudieran levantarse. Reunieron a casi todos los niños menores de diez años y poco a poco se retiraron llevándoselos consigo.

            Olim observaba la escena tras una carreta de paja, estaba atónito. Desde pequeño era conocedor de tales atrocidades, ya que era algo que todos los padres contaban a sus hijos. Siempre pensó que seria una treta para que se portase bien, parecía ser que no. Aquella vez fue la primera que ocurrió en Aliter, las historias siempre se situaban en Idem, el reino maldito, e incluso a veces, llegaban rumores de que ocurrían cosas similares en otros lugares. Pero tan solo eran eso, rumores.  Poco a poco, fue saliendo de su escondrijo a medida que sentía que el peligro había pasado. Centro su vista en el portal de la casa central, todos los hombres se habían reunido con palas, hachas o lo que tuviesen a mano, y se disponían a ir tras los caballeros.

            Olim los seguía desde una distancia prudente, pues estaban muy soliviantados, y no quería hacer nada que pudiese agravar su enfado. Continuaron así hasta bien entrada la tarde, no hubo parada alguna para comer, y no solamente siguieron los caminos, si no que también buscaron por los alrededores y los bosques cercanos. No había señal alguna de que tal cantidad de gente y caballos hubiesen pasado por hay recientemente, y  los hombres empezaban a inquietarse. Olim seguía allí, ayudando en cuanto podía, pero no servida de mucho, entonces llego un muchacho, más o menos de su misma edad. Estaba sofocado, rojo y a punto de ahogarse, se dirigió al que parecida ser el organizador de la tropa, por así decirlo.

            - En el grupo del norte hemos encontrado un rastro, pero lamento decirle, que no parece llevar a ninguna parte...- dijo apenas sin aliento, y se derrumbo. Parece ser que vino corriendo desde la otra punta del sendero, donde se situaba la segunda mitad del grupo. El supuesto jefe le miro incrédulo.
-¿A que te refieres con que no parece llevar a ninguna parte muchacho?- dijo tendiéndole la mano para que se levantase.
- vengan ustedes y compruébenlo.- y así se izo.

            Minutos mas tarde, el grupo entero estaba reunido alrededor su unas huellas de caballo y de lo que aparentaban los pies descalzos de sus hijos y hermanos. Nadie se lo podía creer, la verdad, es que Olim tampoco acertaba como podía ser aquello real. Todas, hasta la ultima de las  marca, desaparecían en el mismo lugar, no seguían. Ciertamente, el muchacho tenía razón, no llevaban a ninguna parte.

            La tropa se retiro incrédula, y Olim siguió su camino dejando atrás un pueblo destrozado.

miércoles, 25 de enero de 2012

Sombras (prologo)

          En un mundo lejano, apartado de toda realidad humana, existía una pequeña sombra que poseía poderes extraordinarios, pero a su vez, destructivos. La persona que la poseyera, tendría la capacidad de crear nuevos mundos y también de destruirlos a su antojo. Pero el don que esa sombra otorgaba, no era usando correctamente. A lo largo de la historia reyes, dictadores y hombres poderosos la usaron para cumplir sus sueños mediante oscuros actos, aplastado así a los inocentes, aunque, algún que otro humilde,  también calló en la avaricia y mancho su alma. Con el tiempo, se descubrió que todos nacíamos con el don de la sombra, pero que  a medida que se perdía la inocencia, ella misma elegía con quienes permanecía, de manera que solo algunos privilegiados de buen corazón llegaban a la edad adulta en gracia. Los "elegidos" se mantenían en secreto, puesto que cada vez eran menos, y temían que su don acabase en malas manos. Así que, los mas perversos comenzaron a raptar niños indefensos para experimentar con sus almas y robarles el don. Y así es como comenzó la llamada época negra en Idem. los niños no podían salir de sus casas a partir de las siete, y nunca antes de las diez de la mañana. Cada día, mas niños desaparecían, y cada vez, menos de ellos regresaban. Durante muchos años, el reino subsistió con la situación, y poco a poco, mercaderes, visitantes o incluso familiares lejanos, dejaron de pasar por Idem, y poco a poco las murallas que rodearon el pueblo fueron cerradas, convirtiendo el reino en un  lugar lúgubre, y  para muchos, maldito.