jueves, 9 de febrero de 2012

Tercer capítulo (:



Cuatro días antes del ataque en Aliter, el rey Certus paseaba por los jardines de Aloa, su reino, el que él mismo había creado usando el don de los niños. Todo a su alrededor era majestuoso y derrochaba esplendor. Los azulejos de mármol iban trazando caminos a lo largo del terreno, e iban llevándote a trabes de la  vegetación.  Certus, estaba orgulloso de su creación, y tenía intención de seguir aumentándola, el palacio real estaba completamente terminado, y ya sabia como seria el pueblo. Sería rico y con abundantes tierras fértiles en las que poder cultivar, sería en mejor pueblo jamás visto. Pero, necesitaba más niños para poder crearlo, y él estaba cansado. Los niños crecían rápido y perdían el don pero no podía cogerlos demasiado jóvenes ya que necesitaba que pudiesen pensar para que cumpliese sus ordenes con la debida eficacia. Idem ya no ofrecía nada de su agrado desde que cerraron las murallas. Los raptos allí fueron disminuyendo hasta ser nulos. La mayoría de los poderosos se conformaron con lo que tenían, pero él no. Él quería más, su mundo aun estaba incompleto, y con él, sus planes. Ya había empezado a atacar en nuevos lugares, pero cada vez era más difícil, la gente empezaba a estar más alerta. Necesitaba un nuevo lugar donde atacar.

            - ¡Evat!, ¡Evat!- a lo lejos, Certus vio aparecerla figura de una joven muchacha. Su cabella era blanco, y caía liso hasta los hombros, era de piel clara y parecía algo siniestra. Su estatura rondaba el metro sesenta y estaba muy delgada.

            -¿Qué quieres? – dijo secamente.

            - Oh mi hermosa Evat, observa a tu alrededor y dime que ¿no será precioso el poblado que habrá, con sus fuentes, su parque y sus chozas? Dime, ¿no será de tu agrado? Ahora, cierra los ojos e imagínate que puede ser tuyo, amada mía, tuyo y mío.- Certus la observaba mientras, con la mano hacia un gesto que señalaba todo el terreno que tenían delante.

             - Si lo seria, seria bello y magnifico, pero sus fines negros y perversos. Me niego.-

            - Pero, ¿a que te niegas si aun no te he propuesto nada?   Hoy, me he levantado de buen humor, y se me antoja pasear con la cosa más hermosa del reino.- dijo tendiéndole la mano.

            - Pues paséate a ti mismo egocéntrico, siempre me propones lo mismo y yo siempre te doy la misma respuesta, búscate a otra. – Evat se volvió. Tan solo tenía quince años pero no era tonta.

             -¡A donde te crees que vas! ¿Es que piensas que puedes hacer lo que te venga en gana? ¡A pesar de tu condición privilegiada estas a mis ordenes y harás lo que yo guste! ¡Y yo quiero que construyas ese reino! – a Certus se le estaba acabando la paciencia, como era habitual.

            -No- se dio la vuelta y se fue con paso firme.

            - ¡Esta bien! ¡Lo haré yo solo, como ice este palacio! ¡Pero algún día caerás en mis brazos!- la chillo mientras la veía alejarse indiferente de todo lo que él le proponía.- ¡Galo!- grito indignado. En cuestión de segundos, apareció un imponente soldado con armadura. Se situó al lado del rey y espero pacientemente mientras este andaba cabizbajo a su alrededor.

-Un nuevo lugar... lejano... – Certus susurraba.

-Discúlpeme amo, ¿Qué ha dicho?-

- ¡Que necesitamos un nuevo lugar! Nuevos niños... los anteriores ya son mayores, apenas me quedan tres que aun valgan... veamos el mapa.- ordenó con un tono siniestro.

Unos minutos más tarde, estaban reunidos en una estancia de dentro del palacio Certus, Galo y Evat, esta última escuchaba indiferente desde una esquina todo lo que hablaban.

- Aquí al lado del río hay una aldea, posiblemente habrá niños.- comentaba Galo señalando un poblado en el  mapa.

- No no no no... Ese mismo río será el que no dificulte la huida.... ¡aquí mejor!-  chilló eufórico. Estaba sentado sobre un trono aparentando ser el rey del mundo y señalando los lugares en el mapa con una fusta.- es perfecto, no hay rió y además es un pueblo prospero, ¿tu qué opinas amorcito?-  se acercó a Evat y uso la fusta para elevarle la cara desde el mentón.

- Qué seria perfecto si no estuviese rodeado de montañas.- dijo apartando la fusta de un golpe y sosteniéndole la mirada desafiante.

-Cierto, algún otro lugar ha de haber, pensemos...- se giró de golpe dándole la espalda a Evat y volcando accidentalmente una copa de vino con la fusta. La copa callo sobre el mapa manchándolo con lo que quedaba por beber.

- Mmmm Aliter, un buen lugar. Estable, con mercados, abundante agua y de fácil acceso... Galo, prepara a tus hombres, ya tenemos destino.-

Galo se retito, y Certus fue tras el dejando a Evat sola. Se acercó a la mesa y levanto la copa. El vino se había derramado rodeando los límites de Aliter pero sin llegar a tocarlos, Evat se lamento por los que allí habitaran. Retiró la mirada del mapa apenada y se retiro de la estancia. Tomo el largo pasillo hasta el final y bajó las diminutas y escondidas escaleras que levaban a las cocinas. Apenas había luz allí abajo, las doncellas, criadas y cocineras trabajaban  prácticamente a ciegas.

-Muy buenas Azalea, ¿que tal os va el día?- Evat se sentó en un pequeño taburete al lado de una mujer robusta de unos cuarenta años que estaba deshuesando a un pollo para asarlo.

- Como siempre cariño, atareado, alimentar a los peones de tu “amado” no es tarea fácil.- las dos mujeres rieron.

-Azalea, ¿no te habrá sobrado algo que puedas darme verdad? Estoy hambrienta.- Evat miraba el pollo que preparaba como si se lo fuese a comer tal cual.
-Hoy también te has negado a comer lo que el rey te ofrece? Menos mal que para ti siempre hay mi vida.-

- Jamás comeré de su mano, me repugna-

-Nunca aprenderás....- dejó el pollo en una cacerola y se adentro en la despensa. Apareció un segundo después con una taza en la mano.- toma, ayer sobró algo de guiso, aprovéchalo, tiene hasta conejo.-

Evat se puso en una esquina a comer para no molestar. Miraba con amor a Azalea, era prácticamente su madre, como la cuidaba. Evat deseaba tener la oportunidad de sacar a todos de allí algún día.

-Mmmmm esto esta buenísimo, nunca dejaras de sorprenderme en los fogones. ¿Por algún casual, no habréis visto a Eloy verdad? Lo he estado buscando toda la mañana- Evat rebaño con pan lo poco que le quedaba en la taza y se puso a fregar algunos cacharros.

-Deja eso cariño que ya lo hacemos nosotras, esta en las cuadras como siempre.-

-Gracias Matilde, a la noche pasaré a ayudaros ¡hasta luego!-

            Evat salió corriendo por una portezuela que llevaba a los campos del palacio. Aun era pronto así que los cruzó con calma y disfrutando el paseo. Tras asegurarse de que no había nadie por los alrededores, saltó una valla y se metió en un maizal para atajar, pues el camino hasta las cuadras era muy largo. Cuando llegó al otro lado, saltó de nuevo y se agachó para pasar a hurtadillas entre las ovejas y que el pastor no la viera. Se metió dentro del gallinero, y cogió una cesta que tenia allí escondida. Contenía pan de ayer, un poco de aceite y ajos, y ahora dos huevos que Evat acababa de robar de un nido. Salió, rodeo un corral y por fin llegó a las cuadras. Como siempre, las puertas estaban abiertas, Evat se apoyo en el borde para descansar y observar a Eloy mientras faenaba con los caballos.  Era alto y moreno, de piel clara y impresionantes ojos azules. Estaba cepillando a su protro, su nuevo juguete.

            -Ejem- Evat se aclaró la garganta para llamar su atención y Eloy se giró rápidamente.

            -Dios,  pero ¿Qué haces hay? ¡Entra! Como te pillen aquí nos matan- dijo Eloy tirándole del brazo hacia adentro y cerrando las puertas.

            -Hola Evat, que bien te veo, no sabes cuan feliz soy cuando me visitas.- dijo ella sarcástica, sacando todo lo de la cesta y apoyándolo en una mesita, mientras sonreía.

            -Si si, me encanta que vengas de verdad, pero algún día te pillaran y ya no estarás de tan buen humor.- dijo Eloy mientras volvía a cepillar a su potro.

            -Es precioso, pero ya sabes que deberías atender más a los caballos de Certus, sabes como se pone cuando no están punto para sus batallitas, y no me gustaría que te hiciese nada...- Evat le acarició una mejilla y se alejo hacia el trastero. Volvió con una sartén y dos piedras para encender la lumbre y freír los huevos.
            -Los tengo bien cuidados no te apures, ¿alguna vez te he fallado?-  le preguntó con una sonrisa pícara.

            -Vale, confío en ti. ¿Qué tal esta Ibis? –

            - Bien la verdad, ya casi se ha recuperado del todo, ¿Quieres verlo?-

            Evat siguió a Eloy hasta el fondo de las cuadras, tardaron bastante en llegar pues eran grandes, al fin y al cabo, tenían 184 caballos, ni más ni menos. Dos de ellos pertenecían a Eloy, otro al rey y el gran macho de Evat, el resto eran todos de los soldados, caballos de guerra. Por fin llegaron, Ibis estaba tumbado en el suelo, era un magnifico macho negro, muy grande para su joven edad. No era un caballo normal, era el caballo alado de Evat.

            -Mírale el ala, ya casi esta curada. Puede moverla aunque esta débil así que tendrá que esperar un tiempo más para volver a volar.

Evat Se agachó y toco las plumas negras de Ibis, el macho sintió su presencia y se levanto para saludar a su ama.

-Eh, eh, eh, no tan deprisa enano, no quiero que te hagas daño. ¿Tienes hambre cosita?- Evat le dio una zanahoria y le acarició mientras este se la comía.

            -Bff, yo si que estoy hambriento, aun no he com...- Evat no le dejó acabar la frase.

            -¡Madre mía, los huevos!- Echó a corre por el pasillo de vuelta.

            Eloy ató de nievo al macho, le relleno en cuenco del agua y fue tras Evat. Para cuando llegó, Evat ya había servido los huevos con el pan untado en aceite y ajo.

            -Lo siento... te has quedado sin yema, pero te prometo que la comida de mañana será mejor.- se sentó junto a Eloy mientras comía.

            -Esto Evat, creo que deberías irte ya, yo debo seguir trabajando y estoy seguro que a estas horas tu “amado” te estará esperando.-dijo el muchacho de la misma edad de Evat entre risas. Evat le despeinó y se levanto para abrazarle.

            Muchas gracias, ¿Qué haría yo sin ti?, pero como vuelvas a llamarlo así te juro que comerás el resto de tu vida huevos yema chamuscada.- se separaron, se miraron una vez más, y Evat  se volvió para reunirse de nuevo con su “amado”.


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