miércoles, 25 de abril de 2012

Cuarto capítulo :)


            Evat estaba a punto de saltar la valla del maizal para regresar a las cocinas, cuando escuchó las voces de dos soldados aproximándose. Se escondió entre los maíces y agudizó el odio.

-Así que ahora en rey quiere mandarnos a Aliter a por mas niños, ¿y que haremos con los que ya tenemos? No hay donde meterlos y  no podemos devolverlos a sus casa... acabarían delatándonos.- comentaba uno de los soldados de mala gana.

-de momento los esta encerrando para que no molesten por el palacio, pero le oí decir a galo que poco a poco los iría matando...es cruel pero no tenemos otra opción. Reza para que  no nos encargue a nosotros esa tarea.- el resto de la conversación no pudo escucharla pues se estaban alejando.

En el momento en el que giraron en la esquina, Evat salio de la maíces y subió  corriendo a su habitación. Al pasar por las cocinas no le dijo nada a nadie de lo ocurrido, no quería a alarmarlas.

Cuando llego cerró la puerta por dentro con llave. No podía creérselo, aquello eta terrible. Hasta el momento todos los niños que habían ido llegando se habían quedado  en el palacio sirviendo al rey, ella misma y Eloy llegaron de esa manera. Se dirigió hacia el escritorio de madera y del ultimo cajón sacó una caja negra de ébano con decoraciones en oro que simulaban unos cisnes nadando entre jucos. Cogió el colgante en forma de pájaro que siempre llegaba al cuello y lo encajo en una rendija, sonó un clic y se abrió. Cuando era pequeña, la cajita hacia música, pero el mismo día en el que llego a Aloa dejo de sonar. En ella guardaba cosas de su infancia que para ella eran de gran valor. Empezó a rebuscar y del fondo sacó unas hojas. Se sentó y con una pluma untada en tinta escribió lo que había oído. Todo lo relevante desde el día en que llegó estaba anotado. En una de las hojas Evat tenía apuntado todos los nombres de los niños que llegaban a Aloa y cual era su ocupación. Guardo las hojas y se tumbo en su cama. No podía permitir que matasen a los niños con tan solo doce años. Tenia que hacer algo. Se quedo dormida buscando la solución.

Se despertó sobresaltada por un ruido después de haber dormido profundamente. Se asomo a la venta, pero no vio nada. Miro la hora, había dormido más de dos horas, ya casi había anochecido. Se estiro se lavo la cara en el lavabo y fue a las cocinas para a ayudar a Azalea con la cena. Tras las dos horas de sueño seguía sin tener solución alguna, tenia que pensar algo pronto, dentro de una semana saldrían a Aliter para raptar a los que seria sus siguientes victimas. Llego a la cocina y se extraño al ver que nadie estaba trabajando, no había sirvientas de aquí para allá sirviendo la cena a los soldados en lujosas bandejas de plata.

- ¿Qué ocurre Azalea, hoy no cenan los soldados?-

-Chiquilla ¿no te has enterado? Han partido hay mismo hacia Aliter para...- Azalea no pudo acabar la frase, bajo la mirada y siguió limpiando.

- no, no es posible. ¡No pueden salir de  aquí sin que nadie les comunique con la tierra!- Evat estaba histérica dando vueltas de un lado a otro a lo largo de la cocina. Hablaba sola y gesticulaba con las manos, parecía que iba a explotar. Azalea no entendía nadan se puso frente a ella y la garro para pararla.
- ¡pero muchacha para ya! ¿Que te ocurre? Esto no es nada nuevo, es desagradable pero...-

-¡Azalea no lo entiendes, van ha matar a los niños! No puedo permitirlo. ¿Como han salido, y cuando?- Evat gritaba.

- Han ido hace un rato a por los caballos, Aarón les abrirá la puerta.-

            Antes de que pudiese hacer nada Evat le dio un beso y salio corriendo por la portezuela hacia las cuadras. Corrió como nunca lo había hecho antes y llego a las cuadras en un tiempo record, pero no fue suficiente. Los soldados ya habían partido, solo quedaban algunos caballos y Eloy con su potro e Ivis. Evat fue a donde él dándole golpes en el pecho y empujándolo.

            ¡Porque los has dejado ir! No tenías que dejarles no pueden irse... esto es culpa mía, no he llegado a tiempo...- Evat se echo a llorar en lo brazos de Eloy, y este la abrazo para consolarla. Evat poco a poco se relajo y se aparto de él avergonzada, se sentó mirando al suelo.

            -Evat, ¿que te pasa? Pensaba que ya lo habías superado, sabes de sobra que esto siempre pasa, y que seguirá pasando...-Eloy la abrazó por la espalda y le limpió una lagrima con la mano, mientras con la otra le colocaba en pelo detrás de la oreja.

- Van a matar a los niños, oí a los soldados decirlo, tengo que detenerlos...-

Eloy se quedo de piedra, se quedo quieto en la misma postura esperando a que Evat dijese o hiciese algo. Paso un rato así, sin conversación. Al final, Evat se levanto decidida a intervenir. No tenía ningún plan pero no podía esperar sentada a que la inspiración le llegase.

- coge mi silla y las riendas, prepárame algún caballo, voy tras ellos.- Evat le ordenaba a Eloy todo esto mientras ella se ponía unos pantalones negros de montar. Se miro en un espejo, parecía una sombra, iba completamente vestida de negro, para que nadie la reconociera se puso una capucha también negra.

- Evat ¿pretendes detenerlos tu sola? No puede pararlos.- Le agarro del brazo y ella intento zafarse, pero él era mas fuerte. La miro a la cara.

-suéltame-  le dijo con tono amenazante.

- mira esto es una locura ¿y si te pasara algo? No puedo vivir sin ti Evat así que no pienso dejarte ir ¿entiendes? – Eloy le habla en un tono bajo imponente, pero con respeto. Nunca antes e habían tratado así.

- Suéltame por favor.- cambio de tono, estaba más relajada.

- prométeme que no iras Evat, que no cometerás ninguna locura. Te necesito y lo sabes.- Eloy la soltó al ver que ella cedía. Evat volvió a romper en lágrimas y se dejo caer al suelo abandonada sin ganas de nada.

- Ven, te acompaño a tu cuarto para que descanses.- Eloy la levanto del suelo y se alejaron lentamente hacia en palacio.


* * * * *

            Al otro lado de Aloa, el rey Certus y sus soldados esperaban impacientes a que Aarón consiguiera abrir el portal a la tierra.

            - ¡Mocoso date prisa! Que a este paso se nos hace de noche.- Certus le gritaba al muchacho ferozmente.

            - no me presione por favor amo Certus, es que apenas me quedan fuerzas...- Aarón dijo esto con la cabeza gacha. Certus le pego en la cara tumbándolo en el suelo. Todos los soldados se rieron a la vez que Certus. De repente se puso serio, le agarro del cuello y lo levanto.

            - abre ese maldito portal o lamentaras estar vivo.- lo soltó y el niño se esforzó al limite, pero rondaba ya los 12 años y el don en El había perdido casi toda su intensidad. No era muy alto, tenía el pelo castaño claro y rizado. El pobre estaba completamente asustado, no era más que un mocoso como Certus había dicho.

            Por fin. Logro abrir en portal a la tierra y pudo relajarse algo. Poco a poco, vio como los soldados pasaban por el portal ante él, y se imagino lo que horas mas tarde presenciaría.

            En la tierra ya era de noche, y los soldados no estaban preparados para enfrentarse a un poblado sin luz, así que Certus, en contra de su voluntad, decidió que el ataque se efectuaría a la mañana. Aarón se relajo un poco, tendría más tiempo para  que se le ocurriera algo, y así fue. Unas horas mas tarde, cuando todos dormían en sus respectivas tiendas, Aarón se escapo de la suya y entro en la que montaron para guardar los materiales. Una vez dentro, se encontró con todo tipo de instrumentos y armas, aparte de las cadenas con las que mañana apresarían a los niños. Sin perder más tiempo, empezó a rebuscar en todas partes buscando una llave. ÉL sabía que tenía que haber alguna en algún lugar. La real, la llevaba Certus encima para tener controlados a sus niños, pero debía de haber alguna copia por si algún soldado necesitaba soltar a algún niño de las cadenas. Tropezó con algo, y calló causando  mucho ruido. A lo lejos, escucho como en el campamentos dos soldados se levantaban y se aproximaban hacia su posición. Asustado se escondió tras una mantas. Los soldados entraron en la tienda mientras hablaban entre ellos. Después de hacer una búsqueda no muy elaborada se fueron tranquilos con la teoría de que habría sido algún animal. Aarón espero unos minutos antes de salir de su escondrijo para asegurarse de que no había ningún peligro. Al quitarse las matas se callo algo brillante al suelo. La llave. La cogió y se fue con una sonrisa pintada.


* * * * *


            Eran las dos de la mañana, las cuadras estaban vacías, como era de esperar, los pocos caballos que quedaban dormían. Cogió las riendas y ensillo uno de los caballos y lo monto sigilosamente. Antes de salir, clavó una nota en la puerta e la cuadra y hechó a galopar en la oscuridad de la noche con la capucha al viento.