jueves, 24 de mayo de 2012

Cápitulo cinco :)


Un mal presentimiento hizo que Eloy se despertara. Serian las 5 de la mañana aproximadamente, se puso unos zapatos en los pies y los fue arrastrando lentamente entre los pasillos que creaban las camas de los otros trabajadores. Llego a la puerta y salio al baño. Hacia muchísimo frió aquella noche, así que Eloy se escondió las manos bajo las axilas para que no se le congelasen. Cuando fue a abrir la puerta del baño pensó en Evat. ¿Qué tal estaría? Le había afectado de marcado lo de los niños. Volvió a esconder las manos y se dirigió hacia la puerta trasera del palacio. Paso por las cocinas y subió las escaleras hasta encontrase frente a la puerta de Evat. Asomo lentamente la cabeza y la vio en la cama tapada hasta arriba con las mantas. Se había dormido. Entró en la habitación y se sentó en el borde de la cama.

-duerme tranquila, yo estoy aquí, mañana será otro día y te prometo que te ayudare, que te seguiré hasta donde me lleves, con tal de seguir juntos...- se acercó para darle un beso en la frente, pero cuando aparto las sabanas solo vio un montón de cojines.

-No.-

Se levanto y echó a correr sin parar hasta que llego a las cuadras. Su silla y su ropa de montar no estaban.

-¡No, no no!- consumido por la ira y el dolor empezó a golpear todo lo que veía hasta hacerse daño en los nudillos.

-¿por qué?- se dejo caer desfallecido, sin fuerza, sin esperanza. A fuera empezó a llover y a través de las grandes puertas de la cuadra entraba la luz de la luna. Para cuando Eloy se levanto de nuevo, el sol asomaba tímido entre las montañas. En la puerta, vio un papel clavado.

“lo siento mucho, se que debía haberte avisado, haberte dicho algo, pero sabia que entonces no me dejarías ir. Esos niños me necesitan, no se como ni cuando detendré la tropa, pero se que lo conseguiré y que regresaré pronto a tu lado. Apenas notaras mi falta en estos días, le he pedido a Azalea que te prepare la comida. Te quiero mucho.”

Evat.

            A Eloy se le humedecieron los ojos. Esperaba que no le pasase nada, no podría aguantarlo. Se sentía impotente, ni siquiera podía ir a buscarla, esta allí encerrado. Con mucho cuidado se guardo la nota y cerro las puertas de la cuadra.

* * * * *

            Evat se despertó con las primeras luces de la mañana. Llego a la tierra sobre las tres y media de la madrugada, y en contra de su voluntad, se vio obligada a dormir bajo un árbol. Durante la noche heló, el frío se le metía a Evat incluso a trabes de su capa que uso como manta. Adema, sobre las 5 de la mañana empezó a llover y tubo que levantarse a buscar un lugar donde cobijarse. Tras una dura noche, llegó el día y el sol brillaba, aprovechó para colgar sus ropas en una rama del árbol. Con todas las prisas de la huida de Aloa no pudo coger nada que comer, así que ahora tendría que improvisar algo.

            - ¿que te pasa Maximus? ¿Tú también tienes hambre? Al menos puedes pastar...- Evat le ató las riendas al árbol y se fue a buscar algo de comer completamente desnuda. No tubo que andar demasiado, a escasos minutos de su improvisado campamento encontró un árbol frutal. Estaba recolectándolas cuando escuchó ruidos. Evat se escondió tras un arbusto, podrían ser las tropas de Certus. Asomo la cabeza para observar.

            -¿Qué?- susurro para si decepcionada. Era un chico joven que Evat reconoció. Era Aaron, los soldados deberían estar cerca. Pobre, tenia cara de estar asustado, pero sobre todo, arrepentido. Evat volvió sobre sus pasos. Cuando legó al campamento sus ropas estaban casi secas, se las puso  y se sentó a comer algo.

            Mientras masticaba meditaba sobre como detendría a las tropas, entonces fue cuando se le ocurrió que para detenerlas debería encontrarlas primero.

            -vamos Maximus, le seguiremos- guardó la comida y montó en Máximus. A una distancia prudente y sin emitir el menor ruido fue tras Aarón para que le llevase hasta los soldados. Y efectivamente, segundos después, se vio persiguiéndoles. Tras unas largas horas llegaron a los límites de Aliter. Era día de mercado, y el pueblo estaba mas lleno de lo normal. Los niños jugaban despistados, en un solo segundo, toda la paz se esfumó. Los soldados irrumpieron en media plaza destrozando todo a su paso. Evat aterrorizada por los acontecimientos, bajo de su caballo y caminando como sin rumbo se planto en media plaza con la capucha puesta. Se quedó inerte sumida en sus pensamientos se mente voló involuntariamente al momento y al lugar en el que ella y Eloy fueron raptados. Tendrían 7 años, jugaban juntos en la plaza cuando unos hombres vestidos con imponentes armaduras los golpearos y los encadenaron. Todos sus gritos parecían ahogarse en la nada pues sus padres no pudieron hacer nada. Aterrorizada, Evat se percató de que solo tenía a Eloy. El vacío y el pánico la llenaba por dentro, y no podía hacer más que llorar.

            Volvió a la realidad, que tampoco la agradaba. Los niños ya estaban encadenados y por delante de ella no pasaban más que madres histéricas que buscaban la formar de hacer algo desesperadamente.

            Su mirada entonces se cruzó con la de un chico de ojos verdes que se escondía tras una carreta. Seguía mirándole cuado se percató de que un soldado la había reconocido a pesar de la capucha. Evat monto a Máximus y galopo lejos antes de que pudiese decir nada. Mientras se alejaba, los gritos y los llantos se oían cada vez más lejanos, débiles. Y cuando mas se internaba en el busque su expresión mas fría se volvía. Paro en seco,  había llegado al campamento de Certus accidentalmente, no había nadie vigilando, o eso le pareció. Bajo del caballo, pudo contar diez tiendas, dos para materiales y una para Certus. Por tienda dormían tres soldados, habrían 21 mas o menos.

            -Sssh cállate- Evat escuchó un susurro entre los arbustos, y discretamente fingiendo no haberse enterado, agarró la empuñadura de su espada. Oyó una rama crujir a sus espaldas y cuando se volvió una figura la atacó. Usando apenas un tercio de sus fuerzas Evat se lo quitó de encima y lo tiro al suelo. Antes de que pudiese reaccionar desenvaino la espada y se la puso al cuello.

- ¡No me mates yo solo quiero ayudar!- Evat se mostró indiferente ante el hecho de que fuese Aaron. Guardo su espada y siguió explorando el campamento como si nada. Aaron, sintiéndose menospreciado, se levanto y fue hacia ella.

-Mira Evat, no se que haces aquí, pero yo ya tengo un plan y lo vas a echar a perder. Así que puedes largarte.- la amarró del brazo y se puso frente a ella.

-Suéltame. A mi tampoco me emociona la idea de que estés aquí.-

- ¿ves esto?- Aarón saco la llave- esto es lo que abrirá la cadena de los niños mientras los soldados duermen. Si quieres ayudarme genial, si no, ¡vete o lo estropearas todo!- la soltó y la miro amenazante, aunque en realidad se sintiese intimidado. Conocía a Evat, ella fue quien la ayudo en el palacio a integrarse cuando llego. No era ella, había cambiado.

            - a es un buen plan, no se como habrás conseguido esa llave, pero siendo tan ingenioso como eres, estoy completamente seguras que has pensado en el pequeño detalle de que cuando los soldados lleguen con los niños no esperaran a mañana para volver. Para la hora de almorzar ya estaréis de vuelta en Aloa. Pero no seré yo quien te lo diga...- Aarón se quedo con la boca abierta como si fuese a relatarle la parte del plan en la que el salvaba a los niños, pero en vez de eso, la cerro.

            -¿como es que estas aquí?- Aarón no se esperaba la pregunta a si que tardo algo en reaccionar.

            - pues Certus no quería que vinieses por algo que no recuerdo y el único que quedaba era yo...-

            -No, me refiero a como es que estas en el campamento. Te vi con los soldados, es mas, os seguí.-

-Me escape, era parte del maravilloso plan que tu has destrozado.- Evat se sentó en una piedra. Aaron la miraba, le parecía preciosa, siempre se lo había parecido, `pero nunca se había atrevido a decírselo. El único chico que trataba de forma especial era aquel granjero. ¿Cómo se llamaba? a si, Eloy. Que envidia le tenía. Seguro que no se fijaba en el porque tan solo tenia 12 años. En ese momento, sentada en esa piedra, le gustaba mas que nunca, incluso con su nueva personalidad.

-¿no sabe nadie qué estas aquí?-

-         No-

-Perfecto. Cuando lleguen tú les dices que te ha seguido un grupo de campesino y que crees que están por la zona y que no es seguro abrir el portal. Certus mandara algunos soldados a peinar los alrededores. Esa será nuestra oportunidad. Tú distraerás a los soldados y yo abriré un portal a Aliter y mandaremos allí a los niños.-
-¡NO!- grito Aarón. En ese mismo instante una flecha atravesó el brazo de Evat, que callo al suelo del impacto. La habían descubierto de pleno. Se levanto le tendió el brazo sano a Aarón y tiró de él. Se alejaron lo más rápido que pudieron hasta llegar a los primeros árboles del bosque.

            - hay poco tiempo, te mandare a un pueblo, en la casa de pared verde di que yo te he mandado, te darán cobijo, pero no te puedes mover de allí hasta que yo valla a buscarte cuando todo mejore.-

            -¿y los niños? ¿Y si no vuelves?-

            - si no vives no podrás salvar a los niños, y si no vuelvo... habré muerto. Confía en mí, dame la llave.- Aarón se la dio casi llorando. La echaría mucho de menos si no volviera.

            - Adiós Evat.- Aarón iba a abrazarla cuando una flecha se clavo en el árbol.

            -¡corre!- Evat lo empujo y cerro el portal. Justo a tiempo, los soldados ya estaban rodeándola y apuntándola con sus armas.

            - quitarle la capucha- ordeno Certus. Para su sorpresa parecía que la capucha funcionaba  que el soldado que la había reconocido se había quedado con los niños. Uno de los soldados le quitó la capucha.

            -Oh Evat, mi hermosa Evat. ¿Qué haces aquí? te había preparado una sorpresa para la vuelta, pero ya veo que no podías resistirte.- Certus se puso muy cerca de Evat, tanto que podía oler la sangre de los inocentes que manchaba sus ropas. Se puso a su espalda y con una mano le tiro fuertemente del pelo hasta dejarla mirando al cielo mientras con la otra le agarraba las manos a la espalda.

            - Aquí soldados, tenemos un ejemplo de traición, y yo os voy a demostrar que hacer en estos casos- dijo arrastrando a Evat en esa posición en círculos para que todos los soldados la vieran.- Galo, ven agárrala.- Galo asomo entre los soldados y ocupo el puesto de Certus, que seguido se puso en frente de Evat.

            - bueno querida, ábrenos el portal de vuelta a casa y todo esto quedara olvidado. Date prisa, tenemos que curarte ese brazo- se acerco y le agarró el mentón.

            -Por mi puede pudrirse, como tu- Certus le abofeteo la cara con tal brutalidad que a galo se le escamo de las manos y calló al suelo.

            - ¿Nos abres ahora mi amor?- Evat se arrodillo y mirándolo a la cara le escupió. En un ataque de rabia, Certus agarró a Evat del brazo herido clavando las uñas en la carne. La sangre resbalaba por el brazo acabando en un charco. Evat gritaba y lloraba sin poder apenas moverse.

            - Dime donde esta Aarón si no piensas colaborar.- Certus apretó mas.

Entre los gritos y el dolor Evat no consiguió vocalizar ni una sola palabra. Certus apretó con todas sus fuerzas, y Evat sentía como se vaciaba, como se le escapaba en control de su cuerpo al igual que la sangre. La sensación era mil veces peor que darse un golpe en el dedo pequeño del pie, o incluso que cortarse con un folio entre dedo y dedo. Evat grito como nunca había gritado, tanto, que Certus aflojo un poco por miedo a que perdiese en conocimiento. Inconsciente no les servia de nada.

            - Encadenarla con el resto de los niños. ¿Ves lo que as conseguido amor? Yo no quería pero me has obligado a hacerlo. No sufrirás mucho, no será la primera vez para ti.- entre dos soldados la amarraron de los brazos y se la llevaron a rastras hasta el campamento. Había conseguido retrasarles, pero no lo suficiente. Cuando llegaron, todo estaba recogido y listo para ser trasladado. La encadenaron con los otros niños, todos ellos aterrorizados, paralizados, en trance. Cuando se recupero algo, empezó a buscar la llave que debía tener en el bolsillo. No estaba, debía de habérsele caído por el camino. Certus se aproximo a ella.

            - vamos, abre esa dichosa puerta- Evat, aparentemente rendida y sin ningún plan, abrió un portal.

            -¿ves? No era tan difícil. Que pena que sea demasiado tarde para ti, ya no te necesito. ¡Soltarla!- galo se acerco y le soltó las cadenas. Todos cruzaron el portal  menos Certus y galo, que antes de cruzar le dedicaron unas palabras.

            -Es una pena, eres hermosa, tenías un futuro prometedor junto a mí en Aloa. Galo, encárgate de ella.- galo alzó su espada sobre la cabeza de Evat que se encontraba arrodillada en el suelo. Esta, no sabiendo que hacer concentro todo su poder en huir.

* * * * *

            Evat observaba como el portal se cerraba dejando a Certus y a galo en la tierra maldiciendo.

            -¡Cuando vuelva a Aloa Eloy pagará todas tus traiciones!-. Le grito Certus. Pero ella estaba tranquila, sabía que la única forma de que pudiese volver era ella, pues no tenia nadie mas que conociese el portal a Aloa, así que aguantó todo lo que pudo antes de caer.

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