jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 6 :)


Aaron abrió los ojos y miro a su alrededor. Estaba en un pueblo sombrío, casi en ruinas y que además aparentaba abandonado. ¿A donde lo había mandado Evat?  Se suponía que quería protegerlo...  se levanto y como le dijo Evat, la primera casa era una de fachada verde, una mujer asomaba por la puerta. Se dirigió hacia ella, en la fachada había un cartel que ponía: Idem. Perfecto allí nadie lo buscaría.

- Oía, disculpe mi desfachatez, pero estoy solo, perdido u y no tengo donde alojarme, me preguntaba si podía usted darme techo un par de semanas lo sumo.

- No.- la mujer le respondió con claridad, a pesar de su fina voz seguía inspirando respeto.

-Me manda Evat-  no sabia si serviría de algo, ni siquiera sabia si era aquella la casa correcta.

- Evat...- susurró- está bien pasa, pero tendrás que trabajar para ganarte el pan de cada día, aquí la vida no es fácil. ¿Has trabajado alguna vez como herrero? –le pillo la pregunta por sorpresa, no se esperaba que el nombre de su amiga causase tal cambio en ella. Al oírlo por un momento Aaron pudo apreciar un haz de luz en su mirada, pero solo por un segundo.

- No, pero aprendo rápido.- mentir nunca fue lo suyo.

- Está bien, ayudaras a mi marido, él te enseñará. Pasa necesitas un baño.- Aaron se adentró en la casa pensando ya en el regreso de Evat.

* * * * *

Olim caminaba con el águila al hombro bajo un sol abrasador.  El camino que tenia frente a el iba de nuevo recobrando su esplendor, los caminos se definían y los árboles y la vegetación recobraban el color y la fuerza. Habían pasado dos días desde el ataque en Aliter, y el águila había mejorado mucho en salud. Olim se paró  y se sentó en el borde del camino y se dispuso a comer algo, para su sorpresa no le quedaba ni una miaja. Con hambre, se tumbo en la hierba mirando al cielo. Las nubes eran preciosas desde aquel lugar, el sol estaba tras ellas y les daba un tomo rosáceo.

-¿crees que nos ira bien?- Olim siguió mirando al cielo sin esperar respuesta, por eso cuando el águila emitió un sonido se extraño.

-¿crees que si?, yo no lo creo...necesitare un trabajo, lo único que se hacer es trabajar la tierras y ¿de que me ha servido? E nada, ahora no tengo nada que comer, ¿irónico verdad?- esta vez Olim giró la cabeza para mirarla, y esta emitió un ruido similar al anterior.

- eres demasiado positiva.- Olim se miro la camiseta, estaba completamente rota, se la quito y la dejo en el suelo. Hacia calor así que tampoco la necesitaría. La noche se acercaba, así que recogió todo y se adentro en el bosque en busca de refugio.

El tiempo pasaba, Olim seguía caminando sin rumbo en busca de algún lugar guarnecido del aire. Estaba cansado y empezaba a perder la esperanza de encontrar un sitio adecuado, así que muy a su pesar, se tumbo en el suelo y cerró los ojos. El calor que horas antes tuvo había desaparecido. Le esperaba una noche larga.

* * * * *

Eloy no podía dormir, cada vez que cerraba los ojos se imaginaba a Evat en manos de Certus sometida a sus deseos... podría estar muerta o herida, sufriendo en algún otro lugar del mundo. Tenia la incertidumbre de si había conseguido salvar a los niños, de momento lo único que sabía es que los soldados se habían retrasado, pues aun no habían vuelto, hacia ya dos días que habían partido.

La añoraba, y mucho. Cerró los ojos e intentó dormir, pero no lo consiguió.

Poco a poco, el sol entró por la ventana de la cabaña, Eloy harto de estar tumbado lamentándose, se levantó y decidió empezar su jornada. Se vistió desganado, apenas se fijaba en lo que se ponía. Salió afuera, todos trabajaban los jardineros, los cocineros, algún que otro soldado... todo seguía igual que ayer, igual que hace dos días. A nadie parecía importarle la pena que el sufría, y esa indiferencia por parte de los demás le causaba mayor dolor. Para Eloy todo había cambiado y le desmoralizaba comprobar que el mundo seguía igual a pesar de que su vida estuviese en algún otro lugar, junto con Evat.

Cogió un cubo y se acercó al pozo. Sin prisa, ató el cubo a la cuerda y dejo que se deslizase entre sus dedos hasta que tocó fondo. Esperó pacientemente a que el cubo se llenara, y cuando sitió que pesaba empezó a tirar. No era un gran esfuerzo, pero sin Evat a su lado cualquier obstáculo o tarea se le hacia grande, duro o pesado. Ella le facilitaba las cosas, siempre la había tenido al lado, y su falta lo mataba por dentro. Cogió el cubo y se puso en marcha, tendría que caminar bastante hasta las cuadras.

Llegó agotado, pero aun así, se puso inmediatamente a dar de comer a los caballos, a limpiar los establos y a preparar el picadero paro domar un par de potrillos. Acabó la tarea sobre la una, así que recorrió la cuadra hasta el final y dedicó el tiempo que le quedaba a acicalar a Ivis. Su ala se había reparado por completo y estaba deseoso de salir, pero solo se dejaba montar por Evat. Eloy noto que no era el único que la extrañaba. Acabó rendido, así que se sentó en una esquina para descansar.

- ¡La comida!- Eloy escuchó la voz desde el fondo de la cuadra, no se lo podía creer. Había vuelto.
           
            -¡Evat!- corrió hacia ella como nunca y la cogió en brazos, se le salían las lagrimas, estaba viva, y con él.

            -Eloy basta, me haces daño.-

            - Perdón es que me tenías tan preocupado, ¿estás bien? ¿Qué ha pasado? ¿Lo has conseguido?-

            -escúchame bien.- Evat se puso seria, para sorpresa de Eloy- he mandando alos soldados junto con los niños a un pequeño poblado abandonado, no te diré el nombre para no meterte en problemas, pero Certus y galo se me escaparon y ahora van  a por mi. Necesito que me ayudes desde aquí. Quiero que reúnas en mi nombre a todos los trabajadores del palacio a hurtadillas y que les prepares para la batalla, pues estoy segura que Certus no tardara en buscarse algún ejercito en la tierra cuando descubra que no tiene forma de volver aquí, y lo m as probable sea que venga en mi busca. Bien tu prepáralos, dales armas y montura y espera a mi señal. Volveré cuando pueda a por ti, y a por todos vosotros, te prometo que os sacare de aquí, pero no será fácil vencer a Certus...-

            -Pero...-

            .Sssh- Evat le tapó la boca con un dedo.- me tengo que ir, pero tranquilo, estaré bien.- Evat se dio la vuelta y a cada pasó que daba se iba desvaneciendo, hasta que se evaporo por completo.

            -¡Evat no!-

Eloy se despertó en el suelo de la cuadra. Se había dormido.  Evat le había pedido ayuda... o eso creía, ¿habría sido solo un sueño? De todos modos había llegado el momento de luchar.

            -¡La comida!- vio entrar a azalea con una cesta.

            - Evat me ha mandado un mensaje pidiendo ayuda.- cualquier otra persona no se lo hubiera creído, pero azalea conocía a Eloy, y con la esperanza en los ojos se sentó a su lado.

            - Cuéntamelo todo muchacho.-

* * * * *

- Vamos zagal, enséñame lo que sabes hacer.- Honestus, el herrero, marido de Nadia, esperaba pacientemente a que Aaron le demostrase su valía. Era un hombre que físicamente imponía  grande, robusto, alto y con expresión ruda. Una fachada que adoptó para hacerse respetar en el pueblo, aunque en realidad fuese un hombre bueno, amable, generoso y muy honrado. Era un perfeccionista c0on sus obras, no las dabas por terminadas hasta que eran perfectas, y si no le agradaban, las fundía y las volvía a empezar.

            -E... lamento no serle de gran ayuda pero... nunca he tenido la oportunidad de hacer de herrero.-

            . No pasa nada zagal, esto se aprende rápido. Observa con atención que luego te tocará a ti.- Honestus repetía constantemente el mismo  movimiento llevando un metal de un lado para otro, sacándolo constantemente del fuego al rojo vivo y golpeándolo sin cesar. Hasta que de un palo metálico, forjó una espada sin filo.-  Bien, ves esto, has de golpear el metal de forma que no quede después la marca del mazo. Te toca.-

            Aaron cogió el mazo con mano temblorosa y metió su chaco de metal en las brasas. Pasado un rato se disponía a sacarlo cuando Honestos lo detuvo.

            - Eh eh eh, no tan deprisa zagal. Tienes que sentir la fuerza del fuego, del calor, no puedes sacarlo cuando te parezca, hay que sentirlo, notar como el metal se somete a tus caprichos, como el rojo intenso te penetra por los ojos. Ahora, ahora es el momento. Aaron lo sacó y lo apoyó rápidamente en el yunque. Alzo el mazo que sujetaba en la mano izquierda  y golpeo inseguro. La fuerza del impacto le subió por todo el brazo hasta la cabeza, y Aaron sintió que se mareaba y que se iba a derrumbar.

            - No, no, no y no, así no se  golpea. Tienes que sentir como cada fuerte golpe moldea suavemente el metal. No tienes que acariciarlo, eso vendrá mas adelanto cuando lo talles. -

            - No, si lo siento, y no sabe usted con que potencia...- Aaron no entendía la pasión que Honestus tenia con sentir el metal. Está muerto no puede sentir nada. Pero  ponía todo su empeño en que él también lo viera de esa manera, y Aaron no se atrevía a llevarle la contraria. Tras media hora repitiendo el mismo proceso que Honestus realizo en tan solo diez minutos, Aaron consiguió su espada.

            - Muy bien zagal, esta perfecta, lo llevas en la sangre.- a Aaron se le pinto una sonrisa, se sentía orgulloso. En palacio nunca nadie le había dicho que valía para algo, o que simplemente, lo había echo bien.

            Tras largo rato observando su obra, Aaron fijo la mirada en Honestus que seguía con sus labores del día, tenía varios encargos por terminar.  ¿Quién era aquella singular pareja? ¿Por qué Evat lo había mandado allí? Y lo que más le intrigaba ¿qué relación tendría para que Nadia cambiase radicalmente de opinión al nombrarla? Pensó que seria mejor no preguntar nada hasta tener mas confianza con ellos.

* * * * *

-Esa mocosa malcriada, toda su vida recibiéndolo todo por mi parte y ahora me lo paga con su traición. Bien Galo, estamos aquí atrapados, esa niñata ya estará organizando una rebelión en mi contra... para liberar a sus amiguitos. Necesitaremos un ejército, y a alguien tan despiadado y ruin que no le importe matar a una muchacha de 16 años recién cumplidos.-

- Pero mi señor...-

-¡Que!-

- Creo que necesitas  que Evat viva para que te abra el portal...-

-Gran observación... y ¡Vas a ir tu a buscarla!, Galo, Galo, Galo... piensa un poco,  nos la traerá viva por unos duros  y la torturará hasta que nos abra el portal, y luego él hará el trabajo sucio por nosotros.-

- Si mi señor.-

- Sé quien es el hombre que buscamos, ¿te suena de algo... el cazador?-

-Si, los rumores dicen que es un hombre que mata, tortura por el menos precio, algunos dicen que incluso lo hacer por gusto, otros que solamente para sobrevivir, irónico. Lo más impactante que se cuenta de él es que nunca ha dejado un trabajo sin acabar...-


            -Correcto.-

            -¿Cómo lo encontraremos?-

            - En Navalia, el lugar más vulgar y siniestro del mundo.-


            Caminando por el bosque, llegaron a un cruce en el que cogieron el camino de la derecha. Certus parecía saber perfectamente a donde se dirigía. A escasos metros del cruce, había una senda en el bosque. Entraron allí, a partir de ese momento, el camino se volvió complicado, muy rocoso. La senda cada vez era mas ancha, hasta que llegó un momento en el que chocaron contra un árbol.

            - Estamos cerca-

            Certus rodeo el árbol y galo tras de él. Unos metros más a delante, la dura piedra del suelo se aplanó como si la hubiese lijado, y ante sus ojos vieron un poblado construido en medio del bosque. El lugar era tan siniestro o más aun de lo que Certus había descrito. Era un pueblo donde habitaban todos los ladrones, ladrones de ladrones pues se robaban entre ellos. Todos iban vestido de negro y encapuchados, no querían ser reconocidos por nadie. Todos, menos uno.

            - Ese es nuestro hombre.- Certus señalo al no encapuchado. Estaba mirando algo en el puesto de una anciana, mas bien esperaba el momento oportuno de llevarse algo del puesto de una anciana. Galo vio que el cazador iba acompañado de una muchacha, de la edad de Evat más o menos, oyó como la llamaba hermana y como esta lo llamaba Lars. Galo no tardó en contárselo a Certus, y por la mirada calculadora de este supo que había hecho bien. Certus se acercó a el y le susurro a la oreja le plan. Esperaron a que el cazador cometiese su robo y entonces actuaron.

            - ¡Eh, ese hombre es un ladrón!- grito Certus señalándolo. En menos de un segundo todos los habitantes se echaron tras él, a pesar de ser todos ladrones les encantaba pillar a alguno. En medio  de la corrida, Galo aprovechó que el cazador huía para acercarse a la muchacha. La agarró por detrás, le tapó la boca, y se adentro en el bosque con ella. Minutos más tarde volvió solo. La cosa se había calmado y el cazador se ocultaba tras un puesto. Certus y Galo se acercaron a él.

            - Hola Lars, tengo un trabajito para ti...-

            -Déjame en paz.- Galo advirtió que era un chaval de no mas e 19 años. ¿Ese era el temido cazador? Se había llevado una decepción. Llevaba el pelo castaño oscuro despeinado y unos ojos negros. Era altito y tenía el cuerpo bien definido, pero por muy bueno que aparentase ser, era ruin, sucio y despreciable. Certus le hizo un gesto apenas visible a Galo y este lo alzó del cuello.

            - Mira chaval, si no quieres que a tu querida hermanita le pase nada, ya puedes ir moviendo tu culo y haciendo lo que te pido, y como agradecimiento a la honorable acción de liberar a tu hermana, nos lo harás a cambio e nada.- Lars miró nervioso al lugar donde vio a su hermana por ultima vez, no estaba allí.

-         ¿Y bien, qué me dices?-

-¿Qué le habéis hecho?-

- De momento nada, pero ten por seguro que se lo haremos.-

-¿Cómo es?-

-         Ya nos vamos entendiendo.- Certus hizo otro gesto y Galo lo dejo caer.

* * * * *

            Eloy había reunido todos los trabajadores de fiar del palacio. Les contaba lo ocurrido con todo tipo de detalles y asignaba los quehaceres dependiendo de la facilidad que tenía cada uno para conseguirlo. Había un soldado con el que contaban que les podía suministrar armas, las cocineras comida y él los caballos. Todos tenían algo que hacer, y todos estaban dispuestos a arriesgarlo todo y a luchar junto a él y Evat por su libertad. Todos estaban cansados tras el largo día de trabajo, y con la llegada de la noche se retiraron a sus camas tras haber dejado en tema de las tareas zanjado.  Eloy por fin se quedo solo y cerró los ojos a la espera de alguna señal de Evat. Oyó un ruido extraño.

            -¿Evat?-  Abel, un soldado que había sido la mano de Certus desde que Eloy recuerda, le tapó la cara y le dio un golpe seco que le dejo inconsciente.




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